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Los voluntarios de Asturias El brillantísimo batallón de voluntarios, cuya magnífica y completa organización es timbre de gloria para el obispo de aquella diócesis, para la J u n t a del Principado y para todo Asturias en general, ha tenido la suerte de cerrar marcha en este brillantísimo desfile que 40.000 soldados españoles acaban de hacer por nuestros puertos, embarcando en los trasatlánticos con dirección á Cuba. De modo que en la sublime despedida tributada á los voluntarios astures por las poblaciones de Oviedo y de Gijón, va el cariñoso adiós de toda la patria á esos 40.000 valientes que, sin desmayos en el pecho ni flojedades en el ánimo, h a n ido á arrostrar las inclemencias de la manigua y el odio de los filibusteros, demostrando que jamás decae n i se transforma este pueblo español, forjado á prueba de golpes y castigos. A las cinco y media de la madrugada del día 21 salió de Oviedo para Gijón el batallón de voluntarios Principado de Asturias, y á pesar de la hora intempestiva, todo el vecindario de Oviedo bajó á la estación, donde se confundían JJiJlMÍS Y OlflCIALKS D E L BATALLÓN 1) E V O L U N T A B I C S P R l N C i r A D O DE ASTURIAS Fotog. Fernández G- uetara entre el público las- corporaciones y autoridades civiles, militares y eclesiásticas, sociedades y representaciones del comercio, llízose el embarque con el mayor orden; los voluntarios iban muy contentos y satisfechos; al tren m i l i t a r l e unieron algunos vagones de primera para las autoridades ovetenses, j u n t a organizadora del batallón y periodistas de Oviedo, qtie iban á acompañar á los soldados hasta el punto de embarque. Partió el tren entre las aclamaciones ruidosas del público, y las ovaciones no cesaron en todas las estaciones del tíánsito, donde pueblos enteros se congregabaii para aplaudir á los valientes voluntarios de Asturias. El tren militar llegó á Gijón á las siete de la mañana. El recibimiento dispensado á la fuerza expedicionaria fué grandioso; en el andén estaban las bandas del regimienio del Príncipe y la municipal; banderas y estandartes con inscripciones alusivas destacábanse sobre la multitud, y de los balcones tapizados descendía una lluvia de flores. Desembarcó el batallón, que precedido de las músicas y seguido de todo el vecindario recorrió las principales calles. E n el muelle se pasó revista á la fuerza, precediéndose al reparto de dinero y otros obsequios á los expedicionarios. A las diez de la m a ñ a n a comenzó el embarque de las fuerzas en grandes gabarras, que conducían la tropa al trasatlántico Ciit lad de Cádiz, anclado en la bahía á unas dos millas del pxierto. A cada compañía que entraba en las gabarras repetíanse las manifestaciones de entusiasmo: los vapores anclados saludaban con sus sirenas, las músicas no cesaban repitiendo la marcha de Cádiz, y los voluntarios, agitando pañuelos y sombreros, devolvían el saludo al pueblo, que les veía partir con tanto sentimiento como entusiasmo. Terminado el embarque de los soldados, el Ayuntamiento de Gijón dio un lunch a la oficialidad; á las tres de la, tarde embarcó ésta en remolcadores, y á las cuatro y media levó anclas el Ciudad de Cádiz, zarpando en dirección á la Coruña.