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La rebelión de Filipinas Dada la impresionabilidad de nuestro temperamento y el forzoso laconismo del cable, es natural que el optimismo y el pesimismo dominen á intervalos el espíritu público, según sean las noticias comunicadas por el general Blanco en su parte diario al ministro de la Guerra. Todo hace suponer, sin embargo, y para fortuna nuestra, que la semilla del separatismo no encuentra en Filipinas terreno tan abonado como en la isla de Cuba. Mientras en todo guajiro hay, más ó menos aparente y batallador, un enemigo de España, en los indígenas de Filipinas encuentran las autoridades españolas no sólo amigos, sino colaboradores eficacísimos para extirpar la insurrección q u e sólo en algunos mestizos y chinos ha encontrado eco, y que débese exclusivamente al odio de la masonería contra las órdenes religiosas, que tanto bien han hecho en aquellas apartadas islas á la cansa de la fe, de la patria y de la civilización. Mientras el correo no nos permita ofrecer á nueslros lectores una información gráfica tan exacta y auténtica como la hemos solicitado, referente á la sedición que acaba de turbar la paz en la m á s grande y la más hermosa é importante de las islas que componen aquel Archipiélago, tiene que limitarse nuestra tarea á ofrecer al lector tipos, costumbres y paisajes de aquellos países, no tan desconocidos de E s p a ñ a gracias á la Exposición filipina celebrada hace algunos años en el Retiro, y subsistente todavía en parte, con datos muy curiosos para el conocimiento dé la etnografía, costumbres, usos é industria de aquellos naturales. SOLDADOS DE CABALLERÍA Fotog. remitida por D, J. Utdz Jiménez La primera fotografía que acompaña á estas líneas es acaso la más interesante de las que componen nuestra información de hoy. Son una pareja de soldados del escuadrón de caballería de Filipinas en traje de campaña. Sabido es que esta fuerza de caballería, que tan útil podría ser en los momentos actuales, sobre todo en provincia tan llana como lo es Manila, es, sin embargo, escasísima en todo el Archipiélago, hasta el punto de formar un solo escuadrón. Precisamente en la última carta recibida del general Blanco, y que es naturalmente de fecha muy anterior á la rebelión, se ocupa el capitán general de Fihpinas en la utilidad de formar otro escuadrón para aquel ejército. Hablando del asunto, dice uno de los escritores que mejor han tratado la cuestión actual: En Filipinas se ha suprimido la caballería, no quedando m á s que uno ó dos escuadrones, bien mermados por cierto, cuando la caballería es la única que uede reprimir instantáneamente un movi, miento insurreccional cerca de la capital, pues estando ésta situada al borde de una llanura de u n circuito de diez ó doce leguas, el arma de caballería es la que puede ahuyentar á grandes masas indígenas y prestar inmenso servicio en las provincias limítrofes á la capital, que son las más levantiscas del Archipiélago. Otro grabado que da idea de las oostum bres de por allá es el que publicamos en segando lugar, representando una corporación municipal en traje de etiqueta. El colmo de ésta es llevar la camisa fuera, costumbre cuyo origen no es muy fácil adivinar, y que, como es lógico, fué la nota que acaso llamó más la atención de los curiosos en la pasada Exposición filipina, dando lugar á graciosísimas caricaturas de los periódicos satíricos que entonces se publicaban en Madrid. Presentamos en tercer lugar u n grupo de indígenas filipinos, pobladores sin duda de AUTORIDADES DE tTN POBLADO