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ACTUALIDADES La misa de campaña en S a n S e b a s t i á n H a sido u n a de las notas más conmovedoras, simpáticas y tiernas de la última expedición á Cuba. E n ella el trono, la Iglesia, el pueblo, el Ejército y la aristocracia, representada por la colonia veraniega de San Sebastián, se han mostrado hermosamente unidos por el santo amor á la patria. Tuvo lugar dicho acto religioso en la mañana del día 5 y en la magnífica explanada de la Zurrióla. Desde el amanecer notábase desusado movimiento en la ciudad; el día se presentó espléndido, é infinidad de tapices y vistosas colgaduras adornaban los balcones de San Sebastián. El altar se había colocado cerca del p u e n t e y á unos cincuenta metros de distancia la tribuna real revestida y engalanada de damascos rojos. Frente á la tribuna, y cerca de la muralla, formaba la escolta real con uniforme de KL OBISPO D ü VITOKIA B K S I L r í s DE DECIK LA MISA gala. Entre la escolta y la tribuna, á lo largo de la Zurrióla, formaron las fuerzas de Valencia, Sicilia y la artillería en columna de honor, al mando del coronel Warleta. Un inmenso gentío, que á duras penas podía contener un cordón de miqueletes, agrupábase alrededor de las tribunas y de las tropas, ofreciendo un espectáculo hermosísimo. El obispo de Vitoria, revestido de pontifical y ayudado del vicario castrense y uno de sus familiares, subió al altar, al cual daban guardia de honor los gastadores de Sicilia, y celebró la misa, que duró veinticinco minutos. Al pie de las gradas hallábanse también los macaros del Ayuntamiento y todo el clero de San Sebastián. El momento de la consagración resultó imponente. Las augustas personas se arrodillaron lo mismo que la tropa, el elemento oficial y el público; las músicas tocaron la Marcha E L COCHE D E S S MM. Eeal, y la montana repetía los ecos de las salvas del castillo. Terminada la misa, cubrióse el obispo con la mitra, empuñó el báculo y dirigió la palabra á los soldados, bendiciendo solemnemente á las tropas. El hermoso discurso, mitad sermón, mitad arenga, que el elocuente prelado vitoriano dirigió á los infantes de SiciUa y Valencia, fué u n trozo hermosísimo de oratoria sagrada, en el cual el reverendo obispo recordó al Ejército español los hechos inmarcesibles con que esmaltó la Historia de España. El desfile de las tropas en columna de honor fué brillantísimo y digno remate de un es pectáculo que no olvidará fácilmente el pueblo de San Sebastián. HESÍILK DE I. AS TKOI AS ANTE LA TRIBUNA REAL Fotografías de Irigoyen.