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-Vi I r Í í- V A II U HATA V I S T A S al ocio! ¡Cuan simpáticas, eu oamljio, esas otras peñas, las peñas de los enamorados que se forman en las liorcliateríasl Poco importa que sea u n a parroquiana bien vestida, que sea una camarera locuaz, que sea una vecinita de onfrenle la que atrae al sexo feo hacia los vasos de horchata. TjO. esencial é importante es que la santa ley de la mutua atrae clon entre los sexos se cumple con las horchaterías, mientras que con los cafés se disloca, vulnera y rompe. Muchas hojas se han escrito por los sociólogos 3 por los escritores de costumbres tratando de los peligros sociales que el café encierra, porque hace á los hombres huraños, insociables para la otra mitad del género humano: huronea como dicen ellas, ó peñas que decimos nosotros. Muchas hojas podrían escribirse también en loor de las horchaterías, que unen á ellos y á ellas, que atan otra vez lo que el invierno rompe, que sacan fácilmente del pobre hogar á la niña casera (porque al cabo y al fln no son caras las toilettes de verano) y que arrancan de los cafés á los niños viciosos, que son ya á los veinte años solterones empedernidos. La antorcha de Himeneo jamás se ha encendido en una lamparilla de alcohol de las que se etpplean para hervir el café; en cambio, ella sola se enciende ¡oh prodigio! al choque de un vaso de horchata con otro grande de zarzaparrilla. Mas no desnudemos á un santo para vestir á otro, ni deprimamos al café, que vive todo el año, para ensalzar á la horchatería, que dura u n trimestre. Quizá en esta brevedad esté el misterio de toda su simpatía y de su encanto. Seamos oportunistas; vayamos en invierno al café, en verano á la horchatería, ¡y la propina con todos! Como en la Naturaleza nada se crea y n a d a tampoco se destruye, hemos de acabar recordando que ni la horchatería sale de la nada con los primeros calores de Mayo, ni á la nada vuelve con loa primeros fríos de Octubre. Lo- -Después de mirarla á usted, no hay más remedio que ocurre es una metamorfosis sencilla y tradicional, próxima á operarse en que tomar otro refresqiiito. las hoj- chaterías de la corte. Desaparecen las cilindricas garrafas, y aparecen otros cilindros, los rollos de estera; huyen las camareras con las últimas golondrinas, y vienen con los primeros vientos del Guadarrama los estereros valencianos con sus fajas negras y su acento levantino; húndese el reino de la chufa, de la almendra y del limón, y se restaura el de la pita y del cordoncillo. LTTIS R O Y O Dibujos de Huertas y Muñoz Lucena, fotografías de Franserl y caricaturas de Mecachi VILL. -VNOVA