Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EL ALUMBRANTE liste empleado de escalera abajo nada tiene qué ver con la empresa del gas ni con las sociedades de electricidad. La luz qne dciTama nuestro liombre procede iiiodestamente de las bujías más ó menos reliajadas deesjierma. I ero es un tipo digno de atención. Los teatros que se alumbran íor medio del gas ó de luz déetrit a, ¿tieneni u ícesídad de biijías? 8 í, señoi- ¿Ci Cf! usted que á las jiuevoí de la mañana tiene la empresa del gas su fluido á disposií ióu de las bailarinas? (íree usted que puede estar (üiceudida. la máqniíuT eléctrica á la misma horii? No había empresa que i) udiera soportar sííiuejante gasto. Y sin eird) argo, hay qu alumbrar á las bailarinas siempre, y a las coristas al. guna vez. Si el alumbrante de end del guardarropa, el cual h a contratado el suministro de cabos de vela, tiene or el consumo d esperma. un interés nienos escrupuloso qu í si la contrata se b a celel) ra. do entre la empí esa y él direcfa- j F! r mente, como ocurre en este caso. gj a iTMs Vj- ns. sola persona entra en el teatro antes que el alum, brante: es la barrendera, la cual queda provista do cabos í y, l desde la víspera. A las mieve de la njañana ya tiene el alumbrante puestas las velas en el ati- il del violín de baile y en el candcler o d e l director coreógrafo. A éste, por respeto, le sirve la luz con lata, cómo él dice. Xo debo nombrar al individuo que me sii ve de modelo para hacer este dibujo, pero no hay quien no le conozca si b a frecuentado los teatros en las primeras horas d la mañana, atraído por la obligacióu ó por los encantos de las bailarinas, que todo podría ser. Visto el tipo que voy á describir, están vistos todos los de su clase. E n el teatro se asimilan prodigiosamente los individuos que (ijercen una misma profesión. Todos los avisadores son iguales, todos los guardarropas y atrecistas lo mismo, y, naturalmente, los alumbrantes tienen entre sí un parecido asonrbroso! tll alumbrante lleva cabos de vela basta en los bolsillos del elialeco, pero su verdadero almacén está en los del chaquetón. Llega al teatro la; bailarina, descuelga sú llave del llavero, y antes de decir Imenos días ya pregunta: ¿Me da usted un cabo? ¿Y el do ayer? -Lq. gásté. -Pues bien largo era. -Como tuve que esperar al segundo ensayo, q u e n o era hasta. las doce- -Haber esperado á obscuras. -Eso es; y les h u b i e r a usted dado el punto á las zapatillas por ITU ¡Buen negocio voy á hacer este año! E n fin, toma. ¿Qué m e da usted aquí? -Úu cabo. -No me sii- ve; es pequeño. ¿No ve. usted que me he de desnudar y vestir toda, que es de corto el ensayo? ¡Acabaras! l ues toma dos. ¡Ay qué hombre! ¡Ay qué jnujcr, digo yo! Estas ó semejantes razones cambia con todas las bailarinas, pero especialinente con las niadi es más ó juenos auténtk- As, de las bailaiinas. ¡Alumbrante! ¡Otra te pego! ¿Quiéir llama? -fSoy yo. ¿Tiene usted (lerillas? Porque se me h a olvidado la caja. -l ara usted tengo yo todo lo que b. ay en el mundo, doña Pepa. issta señora es una jamona que cuando á fuerza de años y de cai- n s dejó 1 ser bailarina, se metió á madre. -Tomo usted cerillas y media vela. -Si ya tiene cabo la niña. -No importa; y si quiere usted un paquete, lo misino. -Muchas gracias. V. T) e qué nace esta amabilidad? La explicación es sencilla. oñ Pepa tiene un pariente en Monóvar, que de vez en cuando le envía algunas boteilita. s de anisado, de las cuales una está siempre en el cuarto, por si á la bailajina jubilada la reticnta el dolor que tuvo hace cinco años. Y debe retentarle todos los (lías, porque todos los días también tomii su pita, haciendo partícipe de las libaciones al ahrmbraute, que gusta mucho de matar el gusanillo. LTn día que lo sorprendí bebiendo á la puei- ta. del cuarto con doña l epa, y más risueño que de ordinaiio, le dije: ¿También alumbra usted á la señora? Cá! Ella -s ¡ne me alumhra á mí.