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ciedad, sus mozas ¡y ándele usté pol mundo! como dice la gente. Después, y aprovechando los intermedios en que el piano descansa, sale del baile á refrescar en la taberna próxima, donde con motivo de la animación de la noche las gentes están á la puerta haciendo limonada y combinaciones para pagar el gasto. Encuentra á los de la partida, sus amigos, que andan por la verbena haciendo travesuras, y con aire indiferente les dice que en cuanto entró en el baile, aquella mujer se volvió loca. Los otros se lo creen, porque para eso tiene él mucho ángel. Ángel exterminador. Rara es la verbena donde no hay tres ó cuatro sociedades de baile de la gente del barrio; generalmente se aprovechan los solares para instalar estos centros de recreo que, ó llevan pomposos títulos, como JSl Nardo floreciente, Diana cazadora, L Alianza de los jóvenes, ó sencillos, de esos que inspiran confianza, verbigracia: El Buen Humor, La Carcajada, La Amistad, etc. La mayor parte de estos bailes son jior invitación, lo cual ine parece muy bien, pues así se evitan abusos que con frecuencia ocurren en los bailes públicos. En uno de esos miles llamados de sociedad fui á entrar, y me dijo el que estaba á la puerta: ¿Trae usted el diploma? ¿Cómo diploma? -Tarjeta. o señor. ¿Y pagando no se puede entrar? -Xo lo permite el reglamento. Había reglamento! JPansa. El hombre vuelve y me dice: -Aguarde usted, la entrada es nna peseta. -Hombre, es mucho. ¿Pues como tuinto quería usted dar? -L n a vuelta. -Bueno, pues pase usted; pero sepa que no tiene derecho á bailar. Pasé atropellaudo el reglamento, indudablemente, y vi que en aquel salón había nnicho movijniento. Lo mejorcito del barrio danzaba allí á los acordes de vina murga que había venido á menos, pues sólo quedaba nn cornetín, un tambor y un clarinete que no podían EL JiAILK CLASICO ponerse de acuerdo nunca, aunque era mucha la buena voluntad de los murgantes. Pero, sin embargo, la gente bailaba con un compás digno de la orquesta del casino de Kiza; que tanto puede la afición. La gente, al alborear el día, rendido el cuerpo y fatigado el espíritu, abandonaba el salón en la última noche de verbena, despidiéndose hasta la próxima. La juerga, pues, no tenía más que un pequeño plazo; y es que aqni, parodiando al del cuento, no tendremos dinero, pero en cambio nos divertimos mucho Luis GABALÜÓN Dibujo de Albcrti, Jotogrofias de Framen y caricaturas de Mecachis TOHKAOS Y A V R L L A S A S