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Hici REVISTAMLUSTRADAF AÑO V I M A D K I D 29 DE AGOSTO DE 1896 NUM. 278 MADRID EN VERANO IV r. JL 3 YKR B E: ríJL 3 En casa no cenamos, pero si viera usted lo que nos reímos ó lo que es igual, en Madrid dicen que no hay dinevo, pero en cambio nos divertimos un porción, como exclaman algunos. Desde la primera verbena que Dios envía, hasta la última que nos consiente el Ayuntamiento, todo es bullir por esas calles, festoneadas de puestos d e industrias diversas, entre el alborotar de los que pregonan vendiendo rosquillas inexpugnables ó cabezas d e políticos que suelen no tener cabeza, y los leves quejidos del simpático acordeón que marca los compases del baile que á la puerta de la taberna se organiza. Afirman los que lo h a n visto todo, qué hoy las verbenas h a n perdido su carácter, su color, que las distancia notablemente de aquellas otras de lejanos tiempos que se celebraban en el Prado, y á las que acudían las reales mozas de nuestra nobleza, defendida la cara por la airosa mantilla y avalorado el cuerpo por la saya d e madroños, con brillante cortejo d e petimetres por escolta, con una frase galante siempre apuntada en los labios, que las damas escuchaban con m á s ó menos benevolencia, según de quien venían; porque entonces, como ahora, y en esto los tiempos no cambian, había muchachos ingeniosos y otros absolutamente tontos. Favorecían estas veladas la presencia de las reales personas acomARTÍCULOS DE COMEB Y ARDKK