Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Pusiéronme una vestidura talar blanca, fajaron y cubrieron con un gorrito blanco mi cabeza y de acá para allá unos me pasaron á las manos de otros Lloré, rabió, protesté, amagando con mis bracitos sin fuerzas y mis deditos sin uñas dar bofetones y arañazos en aquellas carazas horrendas, mon- udas, narigudas, barbudas, feroces, y con mis piernas pataleé exasperado, ensayándome en dar puntapiés y chillé con mayor rabia. -Tiene genio, exclamaron. ¡Qiiquitín! ¡bonito! Calla, calla tú. ¡Vamos! ¡vamos! me decían los muy babiecas, dándome al mismo tiempo, y así como por caricia, manotazos en la espalda, como si yo hubiera podido entender el lenguaje y como si m e resultara placentero el vapuleo aquél. No, esta gente no me entiende, pensaba yo, haciendo gestos de repugnancia y desgañitándome á chillidos Me miran con extrañeza y curiosidad; m e babosean, me fastidian. ¡Aquí falta algo! ¿Qué será? Aseguro que sentía una apenadora inquietud, y aunque los que antes me habían dado tormento acababan de dejarme en la cama á buen abrigo, no me sentía bien. Diéronme á beber no sé qué y quédeme doruiido; y durante no sé cuánto tiempo, entre sueños é inquietud, esperé, esperé algo desconocido y muy deseado. Allí tenía á mi santa madre, lívido el rostro, fatigada, irdrándome á veces con sus dulces ojos y sonriendo con ternura. Mi santa madre, tronco de donde m e arrancaron, seno á cuyo calor, vaso en cuyo fondo, y por prodigio del amor, se había realizado la potente vibración de un átomo en el cual, depositando Dios un alma, con el fuego de la vida habíase hecho entraña de la entraña y cuerpo y organismo, y surgido dándome ser y aparición en el mundo. H u b o u n momento en que, colocado junto á mi madre, dulce, calor de ésta me llenó de plácido reposo. Si el acero siente al hallarse cerca del imán, ha de sentir como yo sentía la impulsión suave é irresistible, la atracción poderosa, efluvio gratísimo como el que me hizo prenderme por los labios al botón de rosa del pecho de mi madrea ¡Oh singularísimo, sin igual placer del que nadie consén a memorial ¡Primera sensación que al choque de u n beso m u d o y apretado abre para nosotros los riquísimos caudales de la vida! ¡No menor, por ser siempre repetida, maravilla como el manar de agua de la piedra Oreb que templó al sediento israelita! ¡Vía láctea que sale del pezón y llena del polvo de luz de constelaciones el sombrío cielo de la existencia humana! Por todo mi ser circuló aquel benélico deleite, tibio y dulce. Hallé sin duda gozo de resurrección, como retorno á la entraña de la que me habían desarraigado; la savia bendecida me vivificaba. Dormí, desperté ansioso por prenderme de nuevo al seno delicioso; tornaba á dormirme embriagado para despertar hambriento y sediento Una voz, como no se oye otra, me prodigaba dulces expresiones, tiernos arrullos, dándome el uombre cariñoso ¡Hijo mío! ¡mi niño Carlos! 11 Comprenderéis que han debido pasar muchos años desde el comienzo de mi fingida autobiografía hasta hoy, día en que mi esposa acaba de dar á luz un niño nuestro primer hijo. Pues bien, á fe de Carlos, que sólo por él y por mi esposa he comprendido algo que hasta ahora no, había acabado de comprender Y loco de emoción, con los ojos llenos de lágrimas, he tomado este medallón que aquí veis, retrato de 4 a que fué mi madre, y he dicho besándolo: Cuando nací, y aun después hasta este instante, no he comprendido cuánto he debido de amarte y te amo, madre mía Sin duda alguna debes de existir en el cielo, porque este sentimiento de mi corazón es el único que es completamente digno de ti... JOSÉ DIBUJOS DK MÉNDEZ BKINGA ZAHONEEÜ