Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
MEMORIAS DE UN RECIÉN NACIDO 1. Antes de suceder lo que voy á narrar, ocurrió una escena terrible que no me es posible describir. Lanzó mi santa madre un agudísimo grito de fiero dolor, y yo, heclio un roUito de carne, rojo, trémulo, lloriqueando, caí en el frío valle de las lágrimas. -Es un ohicazo robusto como su padre, exclamó con acento de triunfo el tocólogo, envolviéndome en blanca y calentita sabanilla... -Es hermoso, dijo mi padre. Yo sentía, revolviéndome en la sabanilla, que cada miembro se me iba por su lado, y hacia grandes y continuos esfuerzos para someterlos á decorosa compostura. No sabía qué hacerme de los brazos ni de los dedos; la cara se me deshacía en visajes, que las gentes tomaban j) or gestos y risas. ¡Bueno estaba yo entonces para risas! Viéndome preso en aquel envoltijo; escocida mi jiel, delicada como telilla de cebolla, y sintiendo picazón en la nariz, estornudé y lloré, lloré sin consuelo. ¡No quiero hablar de las crueldades que conmigo hicieron! ¡Fueron mis dolores como los que deben sentir las plantas que son de raíz arrancadas de la tierra! El calvo y nasoacaballado comadrón, niirándome con sus ojos saltones por sus antiparras, me cogió y me zarandeó y martii izó en sus manazas y con sus dedazos lijosos y más largos y gordos que todo mi cuerpo. Curación, baño, lavatorio ¡Cuántos y cuan penosos tormentos! Extraña y entre placentera y dolorosa era la sensación que me producía el aire Mi existencia, antes vegetativa y reposada, empezaba á ser animal y agitada; pronto se cerraría en mi corazón el agujerito Botal por el que yo había estado en dulce enlace con mi madre. lAmada del alma! E n los primeros momentos, con razón hubiera pottido pensar que el mundo todo había estado esperando mi llegada. ¡Qué ruido armaba la gente! Voceaban con estruendo, iban y venían afanosos en torno mío y todos aquellos gigantes me producían espanto con sus fieros aullidos y el terrible zarandeo que me daban de- continuo.