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con los exclusivismos del primero un procedimiento técnico de expresión p a r a interpretar todo de ¡a mism a manera, pero siempre se vale del mismo medio cuando lleva el acierto á sus producciones. Xi el uno ni el otro se ocupan más que de recoger el espíritu de las flgui- as y el ambiente que rodea éstas, siendo para los dos la, línea algo así como muro de estrecha y ruin cárcel dentro de la cual no puede vivir libremente una figura, por lo cual dejan vagar el espíritu de ésta con amplio desahogo, aunque para ello sea preciso violentar las reglas del dibujo. Por esta razón los lienzos de Kegoyos y ligarte pecan por falta de dibujo, pero tienen un gran sabor de realidad. La realidad de los cuadros de l garte, y muy especialmente la de los de Eegoyos, es para aqijéllos que todo lo supeflitan á 1 corrección exquisita do la línea una realidad extraña, una realidad si se quiere descoyuntada, porque des oyuntadfls están casi todas las figuras que ponen en sus cuadros uno y otro pintor; pero la i- ealidady la vida palpitan de nn modo tan extraordinario, que aun notándose en los cuadros de Regoyos y ligarte grandes deficiencias de dibujo, cuyas deficiencias son mucho más notorias en el primero que en el segando, las producciones de uno y otro tienen un gran atractivo, no para el vulgo, pero sí para el que sepa juzgar el Arte con amplio espíritu de tolerancia y sin estar sujeto á los prejuicios esti echos de ésta ó la otra escuela. Son preferibles aquellas figuras que andan, saltan, corren, bailan y viven, siquiera sean figuras contrahechas, á la corrección amanerada de una figura i- ígida discretamente dibujada. Lo primero es una figura lisiada que vive; lo segundo es una figura inexpresiva que sólo h a tenido el acierto de encontrar una postura correcta para morir de un modo digno 3 académico. No quiero defender con esto el desenfado de Kegoyos al trazar los hombres y mujeres que se mueven en sus lienzos, ni tampoco el escaso aprecio que Ugar e hace del dibujo para diseñar las figuras que en sus cuadros h a colocado, pues claro está que mucho mejor sería recoger una impresión j u s t a y sincera con la maestría en el dibujo de u n Aranda ó u n SoroUa; pero entre las incorrecciones de Eegoyos y de ligarte, con todos los encantos que sus producciones tienen por lo que hace referencia al colorido, y las correcciones de otros que no saben manejar con acierto ese factor importantísimo en toda obra de arte, quedóme con Regoyos y ligarte, á pesar de todos sus defectos. Regoyos figura en la Exposición con diez ó doce cuadros entre óleos, pasteles y acuarelas, y en todos-