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pansivo, qne abría con facilidad las puertas de sn edén á todo el mundo, y fué una verdadera providencia pai- a las familias modestas que no veraneaban. E s t a liberalidad perjudicó algo á la estética, y los Jardines tomaron rn carácter parecido al que tuvieron los do MablUe, de París, en tiempos del segundo Imperio. Por allí desfilaron todas las beldades del mundo galante; algunas que comenzaron vendiendo flores, dejaron á la puerta, para entrar, lujosos trenes y lucieron elegantes trajes. Cuando la función terminaba para el público bonachón, comenzaba para- otro más alegre y regocijado, y Fornos sirvió debajo de aquellas arboledas cenas á las que puso fin la luz indisci eta de la mañana. Pero esto, lo mismo que los desafios, pertenece á lo que se podría llamar historia privada de los Jardines. Ducazcal los prestaba con facilidad para que allí se dirimiesen las cuestiones de honor; pero se reservaba el derecho de asistir á los encuentros, y en cuanto veia la menor gota do sangre en cualquiera de los adversarios, intervenía, poniendo fin A la contienda, si con enojo de los padrinos algunas veces, que protestaban de la intervención, con regocijo siempre de los combatientes. El teatro de los Jardines será famoso en los anales del género chico, y los cuatro sacrista; ies de Hicardo Vega, y los famosísimos D. Abdón y 1) Senén, ol barón de la Castaña y otros personajes, dejarán imperecedera memoria. Desde que murió Ducazcal los Jardines se haii transformado, realizándose obras que redundan en beneficio del público. El teatro es mncho mejor y más cómodo; las compañías de opera que allí actúan, muy aceptables. I a gente acude á aplaudir á los artistas y á pasear por los Jardines; pero éstos han perdido bastante del carácter que tuvieron en un principio, como no puede menos de suceder en un período de más de veinticinco años. Pero, sin embargo, todavía son el recreo de los madrileños que pueden gastar una peseta, y su consuelo en las noches calurosas de! verano. Allí se forman todavía corrillos de damas hermosas y de políticos, se pasea y se ama Describiendo el inolvidable D. Ramón Mesonero Hónranos en su Manual de Madrid el paseo del Prado en 18: 51, dice: Es singular en especial el espectáculo de este paseo en una de las herniosas mañanas de invierno, en que luce todo su brillo el despejado cielo de Madri l. Vese en él de doce á tres del día la concurrencia más brillante, las gracias más seductoras, los adornos de más lujo. Igualmente es notable en las noches de vei ano, en que sentadas las gentes bajo sus espesos árboles, forman tertulias alegres, respirando un ambiente agradable después de días extreiuadamente calurosos. Esto que sucedía en el Prado en 1831, sucede ahora en los Jardines del Ketiro. Se renueva el personal, cambian las modas, se hacen viejos los que eran jóvenes, se varía de sitios, pero en general el fondo de las cosas es el mismo. J. OS Jardines del Retiro proporcionarán páginas amenas y brillantes á la historia del Madrid moderjio. K. VSABAL Fütog. de Franze- n, caricahira de Mfcaclih y diliijo i r. lluaia. JCHASCARRÍLLOS MILITARES, P R MELITÓK GOXZÁLEZ O g íi ¿A qué Municipio portencco tu puoblii? -Ño sé qué es esc. ¿Que si hay alc. ilde en tu pueblo? -Sí, señor, pero no le trato. ¿No tienes criterio para conocer cuándo una nota está equivocada? ¿Qué es criterio, vamos á ver? -No entiendo de botica.