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%4 UI- -El cuartel de verano de los niños. Ahora el Parterre está casi abandonado, y el busto del doctor Benavente se pasa unas soledades mayúsculas. ¡Él, que se hallaba acostumbrado á verse siempre entre criaturas! Pero allí no hay umbi ías protectoras. ¡Cuántos chicos, qué bien vestidos y qué gordos! ¡Son inverosímiles en Madrid tales mofletes y tales mantecas! El niño de la villa y corte es el más desdichado de las grandes capitales de Europa: es el niño pálido, anémico, macrocéfalo, triste. JL OANDO A LA COMBA -Pues el Eetii- o hace el milaro. Aquí se pasan la vida las criatnras. Vienen ahora por la mañana, y luego por la tarde. Casi todos pertenecen á familias acomodadas de estos barrios aristocráticos del ensanche, y bien por su poca edad, bien porque los padres no pueden alejarse, no les llevan á la costa á bañarse. ¡Qué bien se está aquí! ¡La presencia de los niños, que embellecen cuanto les rodea! -TCo les falta nada. Aire balsámico, arboledas frondosas, hasta caballitos -Es una idea de diablo listo la de haber instalado aquí el Tío Vivo. ¿Sabes inglés ó eúskaro? Pues cualquiera de esas institutrices ó nodrizas podría decirte que antes de salir de casa reciben todos los días diez céntimos para que el niño dé cuatro ó cinco vueltas en los caballos ó sentadito en su coche de colgaduras. Un beso á ese rubio que mira estiipefacto mi túnica, y adelante. IV- ¡Qné calle tan deliciosa! ¡Es un túnel de follaje! -Aquí no penetra el sol nunca, no consigne agujerear jamás esa bóveda de ramas. Por eso la temperatura es gratísima: parece que estamos en la primavera. ¡Es un trozo de la Granja! ¡Chist! No grites. Vas á despertar á todos esos señores que cabecean sentados sibaríticamente en sus bancos de respaldo Ese primero es un canónigo, el de más allá un consejero de Estado; aquéllos, dos generales de la escala de reserva. A S I D U O S COS OÜKBBNTKS Veranean aquí. A LA FIJEXTK DR LA SALUD aguardando que llegue la época de marcharse á Alhama de Aragón. Cronómetros con vida. Todas las mañanas hacen lo mismo: llegan, se limpian el sudor de la cabeza, tosen y se duermen. El culto del abdomen. -En realidad, el sitio convida al sueño. -Pues respetémoselo, y continuemos nuestra peregrinación. ¿Dónde iremos ahora? A la explanada del estanque no hay quien se asome sin anteojos ahumados. No es ya un inmenso reflejo, es el propio sol que ha caído sobre el agua. -El vaporcito hace, sin embargo, su carrera. -Es que bajo la toldilla, y oyendo la hélice en el agua, no se está mal. Por unos perros puede creerse cualquiera camino de la isla de ¡TOOINO! ¡TOCIIÍOOO!