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MADIUI) EN VERANO LAS MAÑANAS DEL RETIRO v ítií ís 4 r. v r KIC LAS TNMKDIACIOXES DKL KSTAXQin- I- ¿M e llamabas? -Sí, Musa. Necesito u n tasnntoj madrileño. ¿Eres madrugador? Como si hubiera nacido más allá de los Pirineos. Pues mañana te espero á las seis en punto en la puerta del Katiro. Llévate la maquinita fotográfica. -No faltaré. II- -Buenos días, Masa. -Téngalos muy frescos. Por aquí. Primero vamos al cuartel del cocido. ¿Cómo del cocido? -Lo llamo yo así porque es el predilecto de la mesocracia modesta, de las tertulias humildes con premios de quin tü año y destrozos al piano de música clásica y juegos de prendas y Lecquerianas desesperadas, creyendo nada más que un poquito en Dios. ¿Te burlas? ¡Jamásl Todos esos seres merecen mis mayores simpatías. Son los mansos, los aislados, los tranquilos, los que pasan por la vida sin dejar huella, los de los rinconcitos en que se ama sin tormentas, sin misterios, cura por medio; los de la dulce prosa. ¿Oyes risas argentinas, voces frescas? Es en esa encrucijada. ¡Mira! -Seis ú ocho jovencitas esbeltas y gallardas juegan á la gallina ciega. No hay un rostro que no resplandezca de júbilo. ¡Qué carcajadas! En dos bancos están sentadas las ninmás hablando de las criadas y cuidando de los som-