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V m á s posible es todavía cine el triuiifante e; i lütiin) términn sea el calor, i) iies el teriüóinetro señala ya la tempei- atura del f r i t o como dijo un colega hace años, adivinando la actual temperatiu- a del ministro de Hacienda. A pesar de las órdenes severas comunicadas á los diputados por los respectivos jefes de grupo, son muchos los padres de la patria que han abandonado á Madrid; por ¡ue, segúji afirman, es pi- oferible que se resienta Cánovas á que se resienta la salud. A la salida de los exjiríísos del Noi- te, se nota en los an lones g ran atinencia de guardias y polizontes de la secreta. ¿Contra quién vienen ustedes? les pregvuita algún viajero. ¿Contra los carteristas? -Nada de eso; poito nos inqiorta que roben todas las carteras de Madrid si el ministro de Hacienda conserva la suya. -Pues eutou -es, ¿á qué iene este lujo de fuerzas? -A impedir que los diputados de la nación se ausenten de la casa paterna de su tío. Habrá que premiar con algo este sacrificio li.o rrendo de los padres de la patria. Porque confesemos que so están ganando la imnortalidad con el sudor del rosti- o. Mientras en las Cámaras españolas se trata de asunto tan peliagudo como es el de proporcionar dinero al Tesoro ¡bonita paradoja! del modo jnenos oneroso posible, en el Congreso francés se avecina una lucha más simpática é interesante. Los diputados del Mediodía se preparan á defen d e r l a s corridas de toros al estilo de España valiéndose (le un argumento irrefutable. Hoy por hoy, loa toros en Francia ocasionan nmcbas más desgracias que en España, porque no siendo toros de muei te, conocen ya el redondel al dedillo ó la pezuña, y saben de tauromaquia infinitamente más que el projiio Montes. O se tira, pues, de la cuerda para todos ó pai- a ninguno, pues no es cosa que los toros vayan de veras, y de mentirijillas los lidiadores. En este estado la cnestióu, es posible que la Cámara resuelva escuchar la opinión de los interesados. De modo que para denti O de unos días, toros y toreros irán al Parlamento francés á exponer sus agravios y sus deseos. -También en esta disputa van á salir perdiendo los lidiadores españoles. Porque un torero, ¿qxié recursos oi- atorios puede tener? Y, en cambio, de los toros que se lidian en Francia, el que menos es licenciado en Filosofía v Letras. Pnblícanse los pa elps las consabidas correspondencias de playas y balenarios, y en todas ellas se advierte una nota triste y ilesanimada: no hay gente por esas costas, no hay público por esas montañas. I a salud pública es sin duda tan excelente, que pocos necesitan salir de casa para reponer sus quebrantos corporales: murnmren, pues, en buena hora las fuentes salutíferas al verse tan poco solicitadas, y eche cuantos espumarajos quiera el mar Cantábrico al no poder besar en sus playas más que callos y caracoles. Los cron. istas de verano se ven y se desean para sacar punta á esos paisajes sin figuras en donde vegetan, y ya no pueden llenar cuartillas y más cuartillas con la relación por orden alfabético ó aristocrático de los concurrentes al balneario X ó á la playa Z. Hay malhumorados que atribuyen esta desanimación á la falta de dinero. ¡Ya ve usted! o hay un cuarto! ¿Cómo que no? Polo en Madrid hay infinitos por alquilar. Otros la atribnj en á la guerra de Cuba. ¿Cómo no ha venido D. Celedonio? A él, que es herpético, le probaban muy bien estas aguas sulfurosas. -Efectivamente; él es muy herpético, pero con esto de la guerra de Gnba- iué le ocurre? ue se le ha quitado el humor. Li. üs ROYO VILLANOVA DIBUJOS DK Cll i A