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SILUETAS PARLAMENTARIAS GENERALIDADES Llegó por fin la sesión con tanto afán esperada; el clou, la great attracfion, la más hermosa función de toda la temporada. La tardanza era un tormento; llegó el terrible momento, y ¡al ancho cóselas fieras! y ni se hundió el firmamento ni temilaroH las esferas. Mucha actitud estudiada, y muchas miradas foscas y mucha frente arrugada después ¡Bn boca cerrada jamás han entrado moscas! Tocaron á zafarrancho, gritando; ¡Fuera, que mancho, y á Cristo le suelto el toro! -y luego ¡El silencio es oro, y al buen callar llaman Sancho! Se esperaba oir verdades y elocuentes arrebatos que alzaran mil tempestades, y hubo... nada entre dos platos. ¡Cuatro generalidades! Arsenio tardó un bienio en salir de su mutismo, y á pesar de su mal genio se batió sin heroísmo. ¡Tiene unas cosas Arsenio! Demostró poca energía por buscar un ten con ten, y hasta á veces sonreía Y, lo que nadie creía, ¡habló del Gobierno bien! Luego, en relato prolijo, aseguró muy formal que lo de Cuba anda mal; y como remedio, dijo que hace falta un dineral, muchos hombres, mucha gente, y que el nacional orgullo al insurrecto escarmiente Verdades do Pero Grullo bien dichas, generalmente. Calleja, en sentida queja, lleno de unción y de fe, nos contó una historia vieja, sin que hubiera aquello de ¡Sépase quién es Calleja! Pando, reposado y frío, sólo se animaba cuando hablaba de cierto mando de allá de Pinar del Río; y aquí paz, y después Pando. Y vino la votación, que era lo importante allí, y en correcta formación fueron diciendo que sí los señores del montón. Y el debate terminado en apacible deleite soñoliento, aletargado, quedó el tranquilo Senado como una balsa de aceite. Kesumen. De la sesión que la pública opinión creyó al Gobierno en un tris, sólo ha sacado el país lo que el negro del sermón. NAVARRO GONZALVO A juzgar por los ensayos y el nombre de los galanes, todos Cides y Pelaj- os, se esperaban truenos, rayos y aguaceros y huracanes. DiBü. IO nv, i r i í C A C H I S Kada de saña cruel, nada de apostrofes rudos que arrancan tiras de piel. No era el Senado. ¡Era el Colegio de Sordo- mudos!