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Á OCHO DÍAS VISTA T a cuestión de ios ferrocarriles. -I itada de auxilio. -Bi pro y el contra. El arrebato orno mal onsejero. -La minoría carlista en las Cortes. -Clases de transporte. -Volvamos á la diligencia. -1- os generales en el Senado. Gene; alidades. -Los a íist 9 ntes á la tribuna. -iHlscursos embotellados? ¿Discursos en conserva? Taller de plancha. Un pr 03 ec 0 de alianza franco- española. -Corramos un velo. Resulta que las grandes Compañías de ferrocarriles h a n pedido auxilios á la nación. Y que esta petición de auxilios se considera como una pitada. Mas ¿de qué manera sino pitando es como piden auxilio los trenes? FTay quien dice que aun dando de barato (y mucha baratura es esa) que la petición sea justa, es, por lo menos, improcedente é inoportuna, dada la situación del Erario. Pensemos, por el contrario, en que los señorones de los Consejos han procedido con gran habilidad; porque, dirán ellos, si la nación está perdida por mil, lo mismo es que se pierda por mil y quinientos; además que, á río revuelto, como dice el refrán, ganancia de pescadores, mucho más si éstos emplean tan eficaz y- acabado instrmnento de pesca como la red de feíTOcarriles. Si al cabo y al fin el Tesoro había de irse por puntos, ¿qué m á s da que se vaya por líneas de ferrocarril? Si el diablo h a de llevarnos, que nos Heve en coche; y si puede ser en coche- salón, lo preferimos al coche- cama. E n la lucha hasta ahora entablada, la mejor parte la llevan el Gobierno y las OompafSías; la peor, los enemigos del proyecto. Porque todas las voces de éstos serán ahogadas por el silbido de las locomotoras, y mientras la prensa independiente se deje llevar por la indignación y por la ira, las Compañías y el Gobierno proceden con toda serenidad de ánimo, porque saben que el arrebato es mal consejero de ferrocarriles. E n el Congreso la minoría, carlista se prepara á hacer ima ruda y tenaz oposición, de tal suerte, que todos los atentados cometidos por las hordas carlistas contra los trenes durante la última guerra civil van á ser tortas y pan pintado si se les compara con las descargas, trabucazos y tiros sueltos con el fusil Llorens que se proponen disparar á qnemari opa los señores de la minoría. Ataque inútil. Con forzar un poco la marcha del tren, el proyecto pasará sano y salvo, sin más perjuicio que alguna ligera mella (y quien dice Mella dice Cerralbo) en las planchas del ténder, de la máquina ó del furgón de cola, planchas todas ellas hechas á imagen y semejanza de la famosa y memorable plancha de D. Práxedes. ¡Pobres Compañías! ¿Pueden ellas hacer más que transportar gratis ó poco menos á los segadores? Y no sólo les economizan el gasto, sino también el trabajo de hacer la siega. Si se les concede ese pequeño auxilio, mejorará nuestro crédito en primer lugar, y mejorará también el servicio de transportes en España. Porque, en efecto, será de tres clases: transporte de viajeros, transporte de mercancías y transportes de júbilo. Sin embargo, los enemigos del proyecto no ceden en su intransigencia. ¿Que los ferrocarriles no encienden sus máquinas? Bueno; pues ¡la del humo! ¿Que no tienen para carbón? Bueno; pues ¡se acabó el carbón! ¿Que se paralizan los trenes? Volveremos á la diligencia. Qne es, ai fin. y á la postre, una virtud contra el más fanesto, típico y español de nuestros vicios nacionales.