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¡Qué duros son estos hierros! -iPobrecillos! contestó Cañuela. Estos nos separan no más que por breves instantes; los del convento nos hubieran separado para toda la vida. -O no, porque yo los hubiera roto para sacarte de allí, como soy capaz de arrancar de cuajo esta reja de u n tirón. Diciendo esto, el robusto mozo la sacudió de tal manera, que parecía dispuesto á llevar á cabo la hazaña hercúlea que cuentan como obra del guerrero D. Diego García de Paredes. -No seas loco, Joaquín, que no te voy á querer, le dijo la muchacha cogiéndole las manos. ¡Carmela! ¡Carmela! En aquel momento oyeron ruido dentro de la habitación. La estupefacta íigura del párroco se destacó imponente y amenazadora en el marco de la puerta. ¡Impíos! exclamó avanzando con las manos trémulas y levantadas como para lanzar u n anatema. JM juro por el alto nombre de Dios, tío, dijo con voz solemne y conmovida Joaquín. Esta es la vez primera que nos vemos sin t u permiso. No te hemos engañado, que los engañados fuimos nosotros. Tío, el matrimonio es un vínculo santo, y en él también se puede amar á Dios. El anciano, enternecido, miraba al cielo azul lleno de las maravillas de la mañana, y se decía: -Dios mío, perdona á este siervo indigno que aspiró á penetrar en lo inmenso de tu ser, cuando ni siquiera pude leer en el corazón de dos niños DIBUJOS DE MÉNDEZ BKISGA M. F E R R E R Y LAEANA PROBLEMA FEÜROVIAKIO, ou MELITÓN GONZÁLEZ Sesenta asientos para diez viajeros, y los diez incómodos