Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
SILUETAS PARLAMENTARIAS COMPÁS DE ESPERA Ya la lucha se avecina. S e l ancho coso en la arena, impacientes los caballos relinchan y manotean; de añafiles y tambores los sones el aire pueblan, y ensordecen el espacio roncos clamores de guerra. el de la a r m a d u r a negra, deseando vengar agravios que la sangre le envenenan, y á golpes de su m o n t a n t e kacer que muerdan la tierra follones y malandrines que le insultan y le asedian; y allí, sobre u n alazán que gobernando u n a jaca viva, recelosa, inquieta, no da p u n t o de reposo á. la mano ni é, la espuela, mostrando bien á las claras en su fogosa impaciencia las vivas ansias que siente de combate y de pelea. Puesta en la cuja la lanza, la férrea maza eii la diestra, con el mandoble azotando las bruñidas estribera? y á través de la celada en llamarada siniestra despidiendo por los ojos el rencor que el alma alberga, esperan los combatientes la señal de la pelea, puesta en la cuja la lanza, la férrea m a z a en l a diestra, mientras que el aire, que agita gallardetes y banderas, riza con soplo suave de misteriosas cadencias l a s plumas de los penachos de las doradas cimeras. Allí está Arsénio, el caudillo de la faz adusta y seca, el de la blanca perilla, de gallarda corpulencia, que orgulloso del j i n e t e que sobre el lomo sustenta llenando el freno de espuma satis fecno cabecea, está Borrero, hosco y grave, alta la frente morena y torva la faz, que alumbran relámpagos de tormenta. Montando u n hermoso bruto, que es u n r a y o en la carrera, de ojo ardiente, fino el r e m o y la larga orín de seda, apacible y sonriente cual si marchase á u n a fiesta, en actitud reposada está el caudillo Silvela acariciando la daga que del ancho cinto cuelga, impasible contemplando á Eomero el de Antequera, Y allá, dos viejos guerreros, á la sombra de su tienda, el pesado casco ajustan sobre las blancas guedejas, y armados de p u n t a en blanco la espada ciñen, y esperan la ronca voz del clarín que los llame á la palestra; pero entretanto, se m i r a n los dos ancianos, se observan, y al cruzarse sus miradas, que a n t i g u a amistad reflejan, ósculo de paz parece más bien que alarde de guerra. Las dos huestes enemigas con ñero ardor se contemplan, y á los dos jefes caducos mirando con extrañeza, el rudo combate a g a a r d a n tras aquel compás de espera. E. NAVABEO GONZALVO DIBUJO DK M E C A O H I S