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Ño h a y más cnae entrar on su despac ao para j u z g a r qce M z intini c o es torero más que en la pla a. E n vez de eabezas de toro y trofeos de garrochas y banderillas, coadros de los mejoras piütore muchos de ellos cariñosamente dedicados, adornan las paredes; artística estantería encierra primoro aaiente encnadernadas las obras de los m á s reputados escritores nacionales y extranjeros, y en su mesa de despacho no es raro ver blasonadas tatjelas y cartas c ue llevan el membrete de personajes de la a ta Banca, de la política ó de la aristocracia. AHÍ es donde discute con su apodí rado D. Fedf rico Minguez contrates en que y a no se impone la condición de no enhar brindis, y en que en vez de los 95 pesos de k 15 reales se e. -tipulan de 6,000 pesetas para a r r i b a por corrida; alli (s d n d e suele enfiasearse en cuestiones de Derecho con los letradcs eneargadcs de litigar contra algunas empresas, y alli donde recibe en expansiva amistad á artistas como Benllinre, Lhardy y Saint- Aubin para hacer u n a razonada critica de los cuadros de la última Exposición ó de la ópera reeiantamente cantada. Su placer después de u n a corrida en que le dio n o poco que hacer un bicho de Moreno S a n t a m a r í a ó de Pablo Eomer. es recibir en la sala severa y rieamenta amueblada, ó en el comedor en que se siivió la delicada comida que sus gu- tos de f ourmet Je imponen, á sus Íntimos; y al veile r c d e a l o de su familia, dejardo á su señora que haga CDU fran- MAZZAKIINI Y S ü FAMILIA ea hospitalidad y exquisita cortesía los honores de la casa; y al encontrarle rodeado de los suyos; al oir en vez del df sgarrado son de la guitarra la dulce melodía del piano, que toca u ñ a d o sus por cieito bellisimas sobrinas, mientras se si; ve el té en tazas de porcelana de Sevres y le s n ás delicados lioarcs en copas de cristal de Bohemia, nadie diría que el dueño de su confortable morada era el sucesor por derecho propio de aquellos Carro G- nillén, Montes y Chiclaneros, qi: e no vivian á, gusto más que ante la pesada atmósfera de los colmados ó ante las sucias paredes de las tiendas de vinos. Si los poetas románticos se cortaron la melena cuando e o m p r e r d i e r c n que no era de ella de donde emanaba la inspiración, ¿por qué no dejar que los diestros se amputen la roleta si saben que no es ese aditamento capilar el que demuestra su valor n i su arte? P o r eso, digan lo que quieran los apegados 4 lo viejo, en su vidaíntima, por lo menos, más vale ser Luis Mazzantini quo no Pepe- Illo. AiíGEL E. CHAVES Fotografías tic ¡I. Franzeu, hechas expi esamenle para BLANCO Y Nneiío