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Pero que esto no era. obstáculj para que, dadj el vaUr que eutanoes t m í a el diaero, le proporoionara su arriesgado oficio una posición desahogada, lo demuestra el que al o c i r r i r su trágica muerte en la plaza de Madrid la tarde del 12 de Mayo de 1801, legaba á sus here leros, a l e m i s de v a r i a s fincas de a l g m a importancia en Esparfcinas, su villa natal, n o menos de tres casas en SaviUa y u n mobiliario que, a u n q u e modesto, no era m u y inferior al que a l o m a b a las cas ¿s de muchos señorej del Consejo y no pocos ministros toga los de las m á i e m p i n g o r ó t a l a s chanoillerías. E n cambio, ea el ajuar de la viada figuraban camo las más preciadas galas dos vestidos de zareza, uno de muselina bordado, u n monillo de paño de color, o t r j negro, dos basqniñ is de paño de seda y otra do franela, dos mantillas de blonda y dos pares de medias de seda. ¿Poro p a r a qué necesitaba mayores lujos la esposa del que apenas había aprendido á pintar las letras da la firma con que autorizaba sus ajustes, y esto con tal imperfección, que en n i n g ú n documento figura do otro modo que CJU el nombre de pila. unido al apodo y suprimido el apellido en esta forma: Joseph illo? ¿Qué íiilta hacían otras majezas q u e las pr j p i a s de su clase al q u e sólo le era da. do a l t e r n a r et n sus compañeros de profesión y la gente entonces llamada baja, haciendo tolerables las muchas incorre ¡cienes de su estilo con el gracejo de u n lenguaj e lleno de pintorescas figuras y de tropos llenos de color? III H o y el torero se emancipa de unos lazos á que ya no le ataba más que la rutina, y l aera de la plaza puede ser un hombre como los demás, y hasta m e j j r educido que muchos qu 9 no rnaaejan la m u l e t a y el est jque. El prototipo de ese diestro, del diestro moderno, es Luis Mazzantiai y Eguía, D. Luis, como empcziron por llamarle n o sin ciertos dejos de burla sus cofrades, y como hoy con sincero respeto le designan los más de ellos. MAZZAKUm Y StJ APODEEADO Desprovisto de preocupacionts ridiculas, salió da la estera en que sti y sn naoimieato le hablan asignado, para profesar u n arte en que su valor y sus condiciones le h a c i m ver que podía ganarse mucho dinero, y al profesarle t a v o el tacto de no renunciar á ninguno de los reficamieatos á que sus gustos le llevaban, é hizo ver que la profesión de matar toros, como t o l a s no imprime carácter fuera de su ejercicio. Por e? o sorprende que el que pocas horas daspués de haber vestido airosamente el íraje de luces para perfilarse ante u n Miura ó u n Concha Sierra, lazoa en la Comedia ó el E e i l el correcto frac ó el elegante h i b l a n d o no de pases en redondo y áe estocadas aguantando, sino j a z g i n d o con envidiable criterio una coaie lia ó analizando técaicamente una partitura.