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-No hay, dijo la o. -posi. -Que vaya corriendo U chioa á. basoarle. ¿Cnanto traigo? pregantó ésta. -Un cuarterón. Mientras regresaba la doméstica, D. Baldomero m hacía mis que dodr: ¡Vaya n aroma! ¿Eh? ¡Qué rico! Eegcesó al jfia la criada trayendo el azúcar, que era moreno subido, y yo me puse un poco en mi taza y otro poco D. Baldomero y su niña. Doñi Grertradis volcó en el azucarero todo el café quo quedaba en la vasija, y exclamó con entusiasmo: -Yo soy loca por el café, y axni, aunque nos esté mal el dacirlo, lo hacemos divinamette y con mucho esmero y mucha limpieza. ¿Yo usted esto trapo que ha servido de nolador? Pues es de una camisa do Baldomero. ¡S o vaya usted á creer que para estas TT cosas usamos trap s ajeaos! Yo iba á. Ilivarme á lo3 labios l i tazi, y mo qu dé frío- ¿No toma usted café? preguntóme la señora. Y yo, sin contostar, lo que tomó fué la puerta. DIBUJOS DE MBeACIIIS POBLACIONES DE CUBA POn MELITÓN GONZÁLEZ Se levaiUíi I no boste iindo: íü Bahía SI. Micutnoila, y da un fiiiñetazo: üiBatabanóü! Dándole á la lata: iBolonarón! ¡Bolondrúni Un fiiiaja dándole al parclie: ¡Guantánamo! IGuantánamo! j! e ari im Morgan al matíiiiero; iGUinesI íGüines! iGUines! Poi la calle vondreiido gallinas: iCa o Jücaro! ¡Caoarajioara