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-Compadie, le docian al azogado del cuento; ¡buenas manos tiontí usté p a r a q u i t a r panderos! Y lo mismo h a b í a q n e decir del señor ministro de Hacienda si se ¡leva á efecto el empréstito q u e se proyecta con g a r a n t í a de las m i n a s do azogue de Almadén. Esta n u e v a tristísima, porque siempre es triste en u n a casa tener q u e empeñar algo, será noticia agradable para muolios que y a nos creían pobies como las r a t a s ¡Ah! ¿Pero todavía tenemos minas en Almadén? Oiián m u c h o s españoles. Nosotros creíamos q u e el primer empréstito iba á hacerse sobro los colchones, ó bian sobre los muebles del gabinete conservador. También se decía q u e el empréstito i b a á hacerse á, cencerros tapados; como quien dice, detrás de la cortina. Pero no v a á ser detrás de la cortina, sino detrás del espejo, con garantía del azogue. Temblemos todos, y tiemble también el ministro de Hacienda, á quien habrá q u e pro g u n t a r como á Bailly en el cadalso: ¿Tiemblas? -Es de frío, contestaba el famoso alcalde de Parí? -No 63 miedo, es azogue, podrá contestar el Sr. Navarro Beverter á los representantes do EostchUd. P a r a la deuda p r ó x i m a se aiiuneiará la garantía por caitsles. Entretanto, vayamos modificando n u e s t r a geografía política: -Niño, ¿dónde estaba la capital de España? -En Madrid. -Y ahora, ¿dón- íe está? -En Peñaranda. La cuestión de los generales sigue en pie lo mismo q u e hace veinte días. E s decir, q u e á pesar de las loables gestiones de u n a respetable autoridad eclesiástica, el duelo no se ha despedido en el templo n i en parte alguna. Muy lejíos de ello, parece ser q u e el asunto tiene u n aspecto juridioo tan p e l i a g u l o y enrevesado como j a m á s se vio en l a historia del Derecho español. Si n a y Constitución en España, ¿cómo se prolonga la detención de u n ciudadano más allá de las setenta y dos h o r a s q u e m a r c a el Código fundamental? ¡Horrible atropello q u e hubiera hecho reventar á u n doeeañista! A u n ahora mismo tronaría de enojo la prensa liberal si se cometiera con el último pelagatos, y sin embargo calla y se a g u a n t a cuando la víctima es nada menos que el primer prestigio militar do l a nación. í Estos son viceversas de aquéllos que y a hizo notar la profunda penetración de Fújaro. La comisión parlamentaria, el Consejo Supremo, los senadores liberales, todos los leguleyos y jurisperitos de la política examinan el caso con toda minuciosidad, sin encontrarle solución satisfactoria. Y los generales, e n t r e t a i t o pudriéndose en casa. Ellos a ú n n o salen. E l obispo de Sión ya no entra. Y yo hago punto, porque ya comprenderá el lector que n i entro n i salgo. A u n q u e la prensa no hizo en el asunto el debido hincapié, ello es q u e todos los periódicos h a n hecho constar q u e y a el Sultán n o nos debe nada; nos h a n pagado hasta e l último céntimo de la famosa indemnización. ¡A c u á n t a s reflexiones se presta el l ú g u b r e tintineo de esos postreros ochavos del moro! P o r q u e es indudable q u e el gobierno marroquí, al comprometerse al pago, debió acompañar su promesa con la consabida maldieión gitana: ¡Ojalá los gastes en botica! Y la maldición se ha cumplido al pie de la let r a Desde el horrible caso del Reina Regente hasta l a actual tristisima g u e r r a de Cuba, ¡cuÉintas calamidades h a n llovido sobre España desde q u e e n t r a n aquí los ochavos del moro! DIBUJOS BK CILLA LUIS ROYO VILLANOVA