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Más frecuente que este géaero de fiístas, haa sido en la residencia de los condes de Vilana los banquetes y los tresillos. A. los primeros concurrían no solamente los personajes más importantes del partido conservador, como Cánovas, Pidal, Elduayen, Linares Rivas, Castellano, Tejada de Valdoser Eomero Robledo, Beránger, Montarco, Alcañices, etc. etc. sino figuras distinguidísimas de todos los campos de la política, como Martínez Campos, Sagasta, Castelar, Mellado, Capdepón, Silvela, Moret, Puigcerver y Canalejas, que acudían á la amabl 3 invitación del conde y de la condesa de Ví ana. Uno de estos banquetea, á los que coacarren diejioclio ó veinte personas, es el que ha soi- prondido la fotografía que ofrecemos adjunta á nuestros lectores. Los tresillos se celebran habitualmente los jueves por la noche. Nada más agradable quí esas tiestas íntimas á las que las aeñor. s acuden en trajes elegantes, pero sin descotarse, y los hombres no tienen nejesidad de vestir el ceremonioso frac. En pleno verano, cuando la mayoría de la sooielai se encuentra fuera de la corte, hemos visto hasta seis y siete mesas de tresillo ó de bezigiie en los salones y en la serré. El pasado invierno hemos notado una innovación: el juego íApocker, librando ruda batalla con f tresillo, ha vencido á éste, que tan fervientes y entusiastas partidarios cuenta entra los hombres políticos que frecuentan la sociedad y los casinos, y hoy, en torno á la elegante mesa que preside la belU y amable condesa de Vilana, suele verse á generales, exministx- os, hombres políticos y damas elegantes, siguiendo con avidez las peripecias del juego. Hay una anécdota muy curiosa ocurrida en uno de los bailes del conde de Vilana, y que vamos á referir aquí como mot de la fin. Celebrábase en o iasión en que la corta se hallaba de luto por uno de esos príncipes extranjeros que figuran en el Almanaque de Gotha, y naturalmente, asistían de negro las damas de la reina. A una de estas señoras hubieron de aflojársele las cintas áñ polisón, que ea aquellos tiempos era la última palabi- a de la moda aquel incómodo artefacto, y debió desprendérsele tanto, que al verle también cubierto de sedas y encajes negros, un insigue estadista exclamó sin poderse contener: -Pranoam. ente, no creí que esos lutos llegaran tan adentro. MONTE- CRISTO Fotografías de M. Franzen, hechas expresamente para BX, ANCO Y NEG- RO.