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LOS SALONES DE MAÜiUD XIV EL SALÓN- DE LOS CONDES DE VILANA De la ilustre familia de los condes de Giraldeli y de Cron, de la de los condes de Balazote por su madre, y cercanamente emparentado con otras linajudas familias de nuestra aristocracia, el conde de Vüana y de Casani es una de las figuras más simpáticas de la sooiedad m- adrileña. Sa lealtad probada al partido conservador y á B ilustre jefe el Sr. Cánovas del Castillo, eleváronle á puestos importantes de la Administración, como la U Dirección de Beneficencia y Sanidad, la de Política de) a T i Presidenta, y últimamente al Consejo de Estado, en cuy o d e s e m p e ñ o lia dejado si -mpre su nombre y su fama á la altura que merecen. Casado con una dama de espléndida hermosura, viuda en primeras nupcias de un Agrela hermano del actual conde de Airela, y enlazada por vínculos de parentesco con la noble casa de los marq u e s e s de Miraflores y de Casa- Pontejos, ella supo, con la gracia y el encanto de una verdadera granadi- na, hacer los honores del hotel del paseo de Santi Engracia cuando recién c o n s t r u i d o abrió por vez primera sns puertas al mundo aristocrátiESCALERA co. En aquel hermoso barrio, que hoy se ve ya poblado da magníficas viviendas, alzábase entonces casi solitario el flimante hotel, en cuya fachada campea sobre heráldico blasóa la divisa de los Casanis: Hmineur, oourage, fidelité. Al pie de la escalera de blanco mármol, tapizada con una alfombra de floras, graciosa ninfa marmórea contempla su gentil figura sobre las aguas de una fuente. El vestíbulo, tapizado de paño azul obscuro, llt va ea VÍÍV oa panneawx las armas da la casa bordadas ea sedas de colores; en! a sala de billar y en el comedor campean sobre negro fondo de ébano las rojas cruces de la orden de Santiago; la serré es una de las habitaciones más alegres de aquella morada, que baña el sol con sus esplendores; y el salón dé baile, amplio y elegante, conserva aún los recuerdos de brillantes fiestas allí celebradas. No habían hecho aáa su presentación en sociedad las dos bellas señoritas de Agrela que son ahora el encanto de la sociedad aristocrática, cuando en aquellos salones se congregaba lo má i selecto del Madrid elegante, y Uno de los bailes de más grata msmoriá fué el que ee celebró par. t, conmemorar la entrada del nuevo año en los primeros de la Restauración. La última gran fiesta allí celebrada fué la boda de la hermosa Carmen Fontanar con el joven conde de San Luis, que apadrinaron los condes de Vílana. Los banquetes continúan allí en su apogeo, y muchos de los personajes antes citados alternan con los generales Primo de Rivera, Seijas y otros, y con periodistas y literatos muy distinguidos.