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HMO tmo No V 07 á describir el tipo repugnante del hombre que abraza la carrera do primo donno con miras de especulación, y vive con holgura en dolcefar niente costa de la dignidad y la vergüenza. Tomo para modelo de mi dibujo al primo donno de buena fe, al hombre casado con la tiple dramática ó ligera, de la que á fuerza de amor y admiración se convierte en humilde esclavo, llegando, por impulso del cariño, á u n a situación excepeionalmente ridicula, pero no deshonrosa. Basilio, asi se llama mi hombre, estudió música en Bérgamo, y orejendose genio se dedicó al teatro, gastando para conseguirlo u n a parte de su patrimonio. No tenia voz n i talento, y naturalmente, se quedó en la estacada. No podia vivir sin el teatro, y lo frecuentó, después de licenciado como cantante, en calidad de amateur y amigo de los artistas. Jamás faltó en n i n g ú a brnefic- io u n regalo con u n a tarjeta de Basilio. Eindiendo culto al arte de ese modo, i cabo con el resto de su fortuna. Antes de agotarla, se había enamorado Iccamente de una tiple q c e fanatizaba á los boloñeses haciendo la Violeta de La Tramalta. Sas intenciones con respecto á la tiple eran puras y honradas. Ella no correspondía á tanto amor, y él, recordando sin duda) o de cpobie porfiado dio en seguir á su Violeta allá donde la contrataban. Dos años pasó viajando en persecución de la diva. Cansada la buena señora de decir que no, dijo que sí, y se casó con Basilio cuando y a éste no era rico. Huérfana de padre y madre la tiple, buscó u n apoyo moral en su marido, y él encontró en su mujer la realización, por él p r o i t o de sus amorosos ideales. Si se hubiera casado cuando era lieo, seguramente habría retirado á su esposa de la escena; poro como se casó cuando era pobre, no tuvo más remedio que acepkar su puí sto do rimo donno. Veinte años hace que ejerce de ta) y LO se ha entibiado su entusiasmo. P a r a Basilio, el mundo es á reconcentrado en su mujer. No procede como estóm go agradecido, sino como vasallo sumiso del niño Amor. Yo no le censuro por lo que hace, pero censuro á la esposa porque se lo consiente. Antes de ver lo que hace Basilio en el toatr veamos lo que hace en su casa de huéspedes, de la que ocupa u n buen cnarto. Se levanta mucho antes que t u esposa, y va á la plaza acompañado de u n criado. Basilio y su eostilla comen por su cuenta, pa, ra que no se les imponga n i n g ú n patrón de huéspedes. Conoce á fondo los gustos gastronómicos de la diva y quiere satisfacerlos. E n la plazuela le conocen por el tipio. Hecha ya la compra, prepara y sirve el desayuno á la señora, á la cual arropa después de desayunada p a r a que sude u n poquito. Mientras ella duerme el último sueñecito d é l a mañana, él se entera con avidez de c u a n t o dicen 1 s periódicos, ocultando discretamente los que hablan mal de su mujer y dejando en el velador los que hablan bien, para que la diva tenga u n agradable despertar. Echa por fin la tiple píe á tierra, y con la ayuda de u n a buena doncella hace su toilette, siempre larga. Basilio interviene en la operación del peinado. Me lo ha confesado secretamente, diciéndome con vanidad que es especialista en el último toque del flequillo. ¿Dicen algo de mi los periódicos? pregunta la tiple. -No los he visto, contesta él fingiendo lÍ; mayor naturalidad. Pero ya lo oreo que dirán cosas buenas, porque anoche estuviste admirable, divina, superior á todo elogio; el rondó fué u n a verdadera maravilla. L a tiple v a abriendo los periódicos, y con interna satisfacción lee cuanto bien dicen de ella. Almuerzan fuertemente si la tiple no canta aquella noche, y comen del mismo modo. Las tiples, así como los demás cantantes, el día en que tienen recita no comen, cenan, sin haber hecho d u r a n t e el día más que u n ligero almuerzo. Sobre una digestión, por buena que sea, no se emite bien la voz. Basilio acompaña, á su señora al ensayo, y no se ocupa más que de sentarla en el punto donde los aires entran menos ir