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Ved cuan die iosos pasan cantando hasta perderse t r a s el ramaje; y a no resnena sn acento b ando, y aún se diría qne están flotando sus vibraciones en el paisaje. Llegan á u n tiempo de la floresta notas de esquila, voz de pastores; es que é, la sombra que el bosque presta goza el rebaño la dulce siesta que se eoncilia junto á las flores. A estos sonidos tenues y vagos como el arrullo ds la paloma, unen sus ecos brisas y lagos, que al prodigarse mutuos halagos fingen palabras de extraño i l i o m a Yo te bendigo, diosa del m u n d o paz de los mares, luz de la altura, arpa snblicQO, genio f icundo! T a voz es canto lleno y rotando; t u faz, i m a g e n de la ventura. S ibre tu frente brillan las rosa? en tu g a r g a n t a perlas divinas, brotan tus labios frases dichosas, son t u s heraldos las golondrinas y tu cortejo las mariposas. El día nace de tus miradas, y de tus risas las auras ledas que van narrando por las cañadas tu dulce historia, cuento de hadas que atentas oyen las arboledas. También de acordes los aires llena el mar, que rasga su fino encaje en el peñasco que lo encadena. La voz confusa del oleaje párese el canto de la sirena. Vibra en k s sirtes, nogi- as y sola como u n acento lleno do calma. Algo infinitíj dicen las olat; no comprendemos sus barcarolas, pero las oye con gozo el alma. Guardas t u s formas en el ropaje que las ondinas to fabricaron con l a i espumas del oleaje, y te adormeces en ol boscaje que las zagalas abandonaron. 0 h Primavera, 6 una áe ¿ores, vierte en mi pecho tus alegiías y en mis tristezas t u s resplandores! ¡Mira que al peso dq mis dolores lloro profundas melancolías! íá V i t SíR 1 sk t í m W? V- í Ic fr í h- Mas si al fin eres t ú goLerosa, di que en t u mundo todo es ottrno, di que no muere nunca la rosa. ¡No m e recuerdes, célica diosa, que en t u regazo duerme el Invierno! CARLOS SERVERT FORTUNY DlRüjos DI A. LVAREZ SALA