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-A ver, dirán los feflores del tribunal á cualquier examinando, 16 nde esián los Estados Ucidos? -May lejos. -Eso no es contestación. ¿Qué quiere usted decir con que están m u y lejos? -Que se pierden de vista. ¿Qué opina usted de nuestros tratados con los yankées? -Que son, en general, m u y peligrosos los t r a t o s y contratos entro dos naciones que el mar separa. ¿Por qué? -Porque es m u y difícil que los papeles dejen de mojarse. ¿Cuál es n u e s t r a unidad monetaria? -La peseta. ¿T cuál debía ser? -El talento. -Vaya usted con Dios, y ¡suspenso! Dobla usted saber q u e esa moneda ya no corre. E Q SUS Efemérides de la guerra decía poco más 6 menos La Oorrespondeneia de hace pocas noches: Corre por primera vez el r u m o r de haber muerto Máximo G- ómcz. Y es que en la prensa corro todavía la cserpiente de mar que tanto gusto daba hace cuarenta años. ¿No hay asunto para la gacetilla? Pues ¡ya se sabe! u n a gjleta inglesa ha visto con todos sus pelos y señales l a perpiente de mar. ¿No tenemos hoy noticias políticas? Pues se echa á volar u n rumor de crisis. ¿So hay cablegrama de Cuba? Pnos se i r a t a otra vez á Máximo Gómez, sin perjaioio de levantarlo con la puntilla de la rectificación. La vida ó muerte del generalísimo es asunto eterno do discusión en las tei tullas do café. ¿Saben ustedes que Máximo G- ómez está en cama? ¿En Cama gíiey? -No; en cama m u y malito. ¿Por quién se sabe eso? -Por su médico de cabecera, que ha caído en poder de nuestras columnas. ¡Torpeza insigne! ¿Cuál? ¿La de dejarse coger? -No, la de cogerle; porque atrapando al médico, ya no se muere Máximo (x 6 aiez. -Esta vez, sin embargo, va de veras. H a y quien ha visto al muerto, quien le ha levantado, quien ha hablado con él; ¿se desea u n testimonio m á s convincente? Existe, con todo, u n indicio de vida respecto al generalísimo. Y es que en las pasadas elecciones no votó. ¡Problema pavoroso el que so cierne sobre el horizonte! ¿Cuál es? dirá el lector; ¿la aprobación de las actas? ¿la constitución del Congreso? ¿la discusión rápida de los presupuestos? ¿la normalidad, en fin, de nuestra vida pública y parlamentaria? -De n i n g ú n modo. ¡A. h! vamos; el peliagudo problema á que usted alude será indudablemente el pronto y honroso término de la campaña, de Cuba. -Tampoco; es algo más interesante. -Pues no adivino... -Es usted m u y torpe, y dispense, lector querido. Lo único que hoy nos preocupa, lo que nos atosiga y amilana, alejando el sueño de nuestros párpados, es la celebración de la corrida de Beneficencia, en la cual, como usted no ignora, es imposible que t o m e parte Keverte, gravemente herido el domingo pasado, asi como el Bombita, cogido en Córdoba en una de las recientes corridas de feria. Del Guerra n o estamos m u y seguros; y respecto á los demás, ¿será fácil que quieran prestarse á ser platos de segunda mesa? ¡Problema pavoroso, en verdad! -Tan grave, que si el pr- sidente de la Diputación acierta á resolverlo, habrá que tocarle Ja Marcha de Cádiz, alargan lo todo lo posible el ¡Viva España! para que entro el 7i va y el España quepa u n golpe de Gemborain. -Con todo, no faltarán solicitude? ¡Qué han de faltar! Á. pares y á docenas acuden los novilleros al palacio de la Diputación pidiendo u n l u g a r en el cartel, y en última instancia una plaza de asilado en los hospicios provinciales. ¡Terrible situación! -Muy terrible. Sólo u n hombre de chispa puede salvarla. -Tiene usted razón; hace falta u n ingenio poderoso y de recursos. ¡Qué recursos, n i qué calabazas! Al decir hombre de chispa doy á entender que sólo con la chispa eléctrica podrán matarse los toros do la corrida de Beneficencia. Lms ROYO D I B U J O S DR C I I Í L A VILLANOVA