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LA ALHAMBRA Que premie el cielo á todos los cantores qxie cantaron t u fama al bendecirte! ¡Florezcan en tns valles nuevas flores! Yo sólo sé decirte: ¡Dios te bendiga, amor de mis amorr- Sobre u n bosque florido t u palacio de encai e se levanta, y amante y silencioso, desde Jestts del Valle, presuroso llega el Darro á besar t u ürnie planta. E l t u r b a n t e de nieve que circunda el Picacho del Veleta refresca de tus bosques los ardores, y u n perfamado cinturón de flores te ciñe, t e engalana y te sujeta. ¡Bendígate el Señor! Cuando bajaban desde el cielo las sombras á los valles y el ocaso de fuego se teñía, vagando sin. sentido me perdía del Albaicln por las angostas calles, y enfrente te elevabas altanera, ceñido el m u r o de floridas mallas, y el sol, a p r e s u r a n d o su oarreía, se reflejaba por Ja vez postrera como u n j o y e l de fuego en t u s murallas. ¡Ay tardes misteriosas! ¡Qué divinas las tardes de mi Alhambra! ¡Eostros de mis hermosas granadinas! ¡Aquel dulce mirar t a n soñoliento. que lleva á otra mirada una nota de amor iluminada por u n r a y o de luz del pensamiento! ¿Qué te podré decir para cantarte, si en ti he pasado mis mejores días, martirios y esperanzas y alegrías ¡Alejado de ti, sólo llorarte! Ajuellas largas horas del v t r a n o cuando el aire encendido da bochorno, y el sol, cayendo á plano, evapora las aguas del pantano, y hay en las peñas el calor de u n horno; cuando el cielo encendido en rojos pabellones se desgarra, y se eseucha monótono el ruido del penoso cantar de la cigarra; en las pesadas horas del reposo, cuando todo se aplana y se enmudece, ¡cuando ya todo es luz! ¡cuando j- areoe Sierra Nevada u n plano laminoso, y el agua en los remansos detenida besa templada las marchitas flores, y sedientos los gérmenes de vida se levantan al sol germinadores, sacude el potro el sudoroso lomo, el aire abrasa, el hojizonte ciega, y la lumbre del sol, cayendo á plomo, retuesta el trigo de la fértil vn n!