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Los valientes, más hondo, donde palpita m s la nota humana, y sobre todo, y esto es lo más digno de tenerse en cuenta, con la habilidad que está conducido el asunto. La tesis del saínete es l a de q a e la mujer domina siempre al hombre por todos los medios q u e ettán á s u alcance, empleando todas las arm a s que ventajosamente tiene para combatirnos, y á esta demostración ha ido Burgos con u n tino y u n a segaridad absolutos. Burgos h a estudiado c u a t r o tipos de mujer alejados completamente por s u n a t u r a l e z a unos de otros, y cuatro caracteres de hombres de temperamentos distintos; h a fusionado estas pirojas valiéndose del s e n t i m i e n t o del amor; les h a dado por ambiente u n a casa de vecindad, donde los líos y los chismes tienen su mejor nido; h a colocado al lado de los hombres á u n viejo maduro con tendencias á sabio, q u e aconseja siempre la independencia y el odio á la mujer, como causa de CUADRO SEGUNDO. -ESCENA I todos nuestros males. Tío SALOMÓN (Sr. Mesejo, D. José) Las predicaciones, la Las dais dos ó tres bof etás, sin mayor daño, cruzada del tío Salomón y dejarlas llorar (como se llama el persoy el lenitivo. naje) da s u resultado; los hombres deciden abandonar á sus mujeres y retirarse á la taberna ea clase de monte Aventino. Pero á las mujeres no les falta también su consejera, u n a j a m o n a de espíritu íirme que las alienta, y van á buscarlos; cada una emplea para el suyo u n medio de seducción distinto: las lágrimas, la coquetería más alarmante, la fuerza, todos los recursos de la mujer, á los cuales ninguno de aquellos hombres puede sustraerse, cayendo todos en sus habilísimas redes, no sin hacer antes las más enérgicas protestas de superioridad, única defensa posible para tí par aquel estado de sumisión vergonzoso. Como se ve, la teoría no puede ser m á s cierta, n i la verdad de la vida puede estar mejor retratada. El hombre, cuando se desprendió generosamente, para formar la mujer, de u n a costilla que no le hacía falta para nada, no pudo suponer nunca los réditos tan escandalosos q u e la mujer le cobrarla. Encubierta con la galante impunidad de spxn déhil, hace de nosotros lo que quiere, sin duda por ese contraste de l a ley del fuert 9, que pone á disposición de los caprichos y f gastos del nieto q u e todavía balbucea al hab ar, al abuelo j cargado de años y curtido en los azares de la vida. I La mujer n o es nuestra mitad, como asi la denominamos, es nuestro todo; y yo, por m i parte, estoy m u y con, forme en que asi sea, porque, á decir verdad, s u t i r a n í a I es dulce, y es más meritorio proclamarlo así que tener 1 que capitular luego vergonzosamente. T digo esto á l a cuenta de que h a y muchos que con orgullo de rey de l a creación dicen como u n amigo mío: ¡Bah! A mí no m e hubiera ocurrido eso. ¡Cualquier día mi novia consigue de mi que esté dos horas debajo de sus balcones, por ejemplo. Bueno; pues aquel individuo que blasonaba de l a más absoluta independencia se casó, y por complacer á s a dulce, compañera tenia que leer todas las noches La Correspondencia á su mamá política y enseñarla el juego del mus, que la gustaba m u c h o M i amigo, q u e empezó sin querer envidar a l m a t r i m o nio, acabó por decir: ¡Ordago á la grande! Y si no, ahí está Javier de Burgos, que no me dejará mentir. Si ha tenido ahora e n u n i ó n del maestro J i m é nez, que está hecho u n coloso del pentagrama, u n éxito, ¿á quién se lo debe? ¡A Las mujeres nada más! LUIS GABALDÓN CUADRO SEGUNDO. -ESCENA I I I Fotografías de M. Franzen, hechas expresamente para BLANCO Y NEGRO durante la representación de la obra SEBAPrA (Sra. Vidal) ¡Veta pa casa, endemonia!