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APUNTES PARLAMENTARIOS LAVADERO NACIONAL ¡Jesús, y cómo está el agua! -Echa u n barro. ¡Y barro espeso! -Es que la ropita, hija, embiste. -Si, ya lo veo. ¡Dios mío, qué parroijuianos! Pues si los oyes á ellos, todos entregan la ropa inmaculada. ¡Están frescos! -Ha venido mucho isidro con la rebaja de precios. -Si que está m u y rehajao este año todo. -Bs pi verlo. A l á r g a m e ese j a b ó n ¿Quieres el blanco? -El moreno. -No he visto nada m á s sucio hace muchísimo tiempo, que la ropa que han traído esta semana. -Es m u y cierto. ¿Ha venido la Matea? -No, pero vendrá. -La espero- -iPa qué? -Pa que eche u n vistazo y esamine estos talegos. Todo es ropa de colada, pero Antonia tiene empeño en darla dos restregones y echarla en el tendedero á escape. ¡Vaya unas prisas! Y yo no me comprometo- -Habrá que echar muchos polvos, cloruro y ácido fénico- -Hay que apretar las muñecas y dar m u y buenos voleos con la pala, y muchos ojos de jabón; meterla luego en lejía de esa Fénix, y cocerla á faego lento. -Y después llevarla al tinte. ¡No te pide nada el cuerpo! -Chica, repara y verás, y di después si exagero. No he visto nada más yankée. -Desata y a ese talego y echa acá u n a s prendas. -Toma. ¡Pues es verdad que da miedo Keter la mano! ¡Qué adanes! ¡Hija, que unos caballeros pongan las prendas así! ¡Mujer, si que está, mal hecho! -Mira qué manchas de fruta. -Madroños, no hay más que verlo. ¿Y aquí más abajo? ¡Quita, por Dios, no me enseñes e o! ¿Est es faldóa ó os pañal? -Pañal. ¿Pues no lo estás viendo? Y que es de aquí, de Madrid- -Y luego dicen que sernos P u e s ésta da quince y raya Pero dentro de ocho días no se acuerda nadie de ello. -Y así se pierde la fama que tenía el lavadero, á todos los forasteros. -A la colada. -Verdad; y mucho j a b ó n moreno. ¡Miá qué camisa de coco! -De a l g ú n señor habanero. ¡También está buena! ¡Baena! Pues esa. no la colemos; se aclara bien- -Sí, se aclara; pero estos tiznones negros- -Como Práxedes la vea, no se escapa del recuelo. ¿Y ésta? ¡Qué manchas de grasa! -Esa grasa es lo de menos. Cuando abundan los guateques, y hay comilonas y almuerzos, y hasta cafés con tostada, ¿qué tiene de extraño eso? -Y esto es v i n o -Bueno; el vino no es malo- -Si el vino es bueno, óchale polvos, y sale; y si n o sale, es lo mesma. A u n q u e la ropa no quede m u y blanca, la entregaremos, y así dobladita, pasa. -Con protestas. ¡Por supuesto! y dentro de poco, nadie lava aquí n i u n m a l pañuelo. Entra sucio, y sucio queda. -Too pamplinas. -No lo niego. Pero desengáñate: colemos ú n o colemos, hay prendas que no se pueden sacar á luz. -Pues por eso, mejor es dejar la banca y marcharse. ¡Buen remedio! Sobrarán las lavanderas solicitando t u puesto. Todos tienen ropa sucia, unos más, los otros menos, y todos hincan el pico y acuden al Lavadero Nacional, ¡ésta es l a fija! Conque aprieta y restreguemos, que ropa que de aquí sale siempre lleva cierto sello. Quizá que no esté m u y limpia, pero n o hay u n caballero que al ponérsela n o exclame: c ¡Ni el armiño! ¡Como nuevo! E. N A V A R E O GONZALVO T E CTIILIA.