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El Ruidos, de Zaragoza Hace unos cuantos Carnavales formóse en Zaragoza una sociedad de pura broma y pasatiempo, sin m á s objeto que atronar los oídos del vecindario durante los días alegres del Antruejo; lo más selecto y granado de la j u v e n t u d zaragozana se alistó en las banderas de M Buido, que éste fué el nombre de la original comparsa, llevando cada cual u n instrumento sonoro y retumbante. Todos los tambores de Aleañiz vinieron ¿Ziragoza; se desenterraron los viejos serpentones y las enmohecidas trompas de caza; el parche y el metal sonaron en competencia, y t e hicieron, en fin, burlescos programas anunciando los conciertos de El Buido al aire libre. Algo, como se ve, m u y parecido á las famosas hefanas de Koma. Este año El Buido salió también conmoviendo los espacios, pero transformado en sociedad benéfica. Tales fueron los provechos logrados por El Buido en sus públicas cuestaciones y en fcus fiestas organizadas á beneficio de los soldados aragoneses heridos en Cuba, que se pensó en dar á la empresa mayores vuelos, y de ello se encargaron los dos hombres más simpáticos y populares de Zaragoza: Mariano Gracia y Manuel Lacruz. Lo que ellos no consigan no lo consigue nadie en la capital de Aragón. Su espeoialisimo cdon de gentes su gracia b a t u r r a inagotable, su r u d a modestia y su inagotable caridad les abren en Zaragoza todas las puertas, desde casa de Áyerbe al más pobre zaguán de la parroquia de San P a b l o E n buenas m a n o s estaba, por consiguiente, el pandero, ó si se quiere el serpentón, puesto que de El Ruido se trata. Eicos y pobres, naturales y forasteros, dadivosos y agarrados, todos los bolsillos de Zaragoza han pasado por las horcas candínas de El Buido, y nadie ha puesto mala cara á los sablazos de Gracia y de Lacruz, dados u n día sí y otro también por los medios más ingeniosos y por los más originales recursos. Merced á esta constancia, el tesorero de El Buido, D. Mariano Navarro, tiene en su poder u n a cantidad m u y respetable, para haber sido recogida entre broma y broma. Bueno; pues Mariano Gracia y Manolo Lacruz, dejando por unos dias á Zaragoza de barbecho, han venido con sus sables á la corte, donde h a y muchos aragoneses, muchas simpatías para aquella tierra, y sobre todo muchos y valiosos amigos de los dos popularlsimos y verdaderos zaragozanos. El viaje será m u y fructífero p a r a l a benéfica sociedad. Desde el primer momento el ministro de Ultramar ha acogido con todo cariño á sus paisanos; la prensa de la corte, y sobre todo El Imparcial, El Liberal y El Globo, han dedicado cariñosos artículos al viaje de los dos aragoneses; Mariano de Cavia, aragonés de honda y purísima cepa, se ha puesto al lado de sus amigos coa todas sus bien templadas armas periodístÍT cas y su grueso bagaje literario. El Circulo de Bellas Artes y los infinitos escritores amigos de Mariano Gracia contribuirán con cuadros y libros á u n a tómbola que en Zaragoza habrá de organizarse, y que indudablemente balird. de espaldas. D. M A R I A N O GRACIA -ifííC V D. WIAHIANU NAVAnRO