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tiene los restos momificados del Santo Labrador, habíale avivado el culto qne el pueblo de Madrid rinde á su patrono, y esta devoción madrileña púsose claramente de manifiesto en las solemnes funciones de rogativa celebradas en la Catedral. Acordada con g r a n acierto por el Cabildo l a exposición pública de los milagrosos restos, puede asegurarse que todo Madrid é infinidad de devotos venidos de fuera han desfilado ante el cuerpo del Santo, dando muestras inequívocas de pura devoción y fe sincerlsima. -El aspecto interior del templo en estos días, asi como la disposición en que fué colocada la caja p a r a ser cómodamente vista y adorada por los fieles, excusamos describirlos al publicar con estas líneas algo más elocuente que nuestro relato: u n a fotografía del natural obtenida en el interior de la antigua Colegiata por nuestro compañero Sr. Franzen, y en la cual pueden apreciar los lectores basta el menor detalle de la religiosa instalación. Aunque la vida y los milagros del Santo Labrador se fian recordado estos dias en muchos periódicos y folletos, no estará de más acompañar nuestra información gráfica de hoy con algunos datos, tales como el de que San Isidro vivió á fines del siglo X I y la mayor parte del X I I 6i n que sea posible determinar con absoluta precisión las fechas de su nacimiento y muerte; mas es indudable que el Santo en su vida dilatada conoció á cinco monarcas de Castilla: Alfonso VI, Doña Urraca, Alfonso V I I el Emperador, Sancho I I I y Alfonso V I I I Su nombre y apellidos eran, según algunos historiadores, Isidro de Merlo y Quintana, su origen humildísimo y sus padres mozárabas, ó sea cristianos que, viviendo entre moros, practicaban por tolerancia de éstos nuestro culto. Tiénese por cierto que la primera ocupación de San Isidro faé la de abrir pozos en las casa? de los que brotaba el LA UBNA DE PLATA Fi iog. Amador agua siempre abundante, y no hace mucho tiempo existían algunos de estos pozos en las calles Mayor y de Toledo. Pero n o tardó el joven Isidro en dedicarse al laboreo del campo, ocupación que debió ser la de sus padres, cultivando, como es sabido, las tierras de D. I v á n de Vargas, s i t ú a l a s al otro lado del Manzanares. Vivía entonces el Santo en una casita inmediata á l a iglesia de San Andrés. Tenia Isidro la costumbre, antes de emprender las labores del campo, de consagrar largo rato á la oración en las iglesias, con lo que daba siempre comienzo á sus trabajos m u c h o más tarde que sus compañeros. I m p u l s a d o s éstos por la envidia, denunciaron el hecho á su señor, que le reprendió agriamente; y queriendo convencerse del estado en q c e su criado Isidro tenía las labores, dirigióse u o a mañana a l campo. Entonces faé cuando creyó ver que al lado de San Isidro había dos mancebos que guiaban dos y u n t a s de bueyes de inmaculada blancura. P e r o la visión no tardó en desaparecer, y preguntado Isidro, contestó que sólo á Dios pedía a j u d a y sólo Dios le ayudaba. E n presencia del mismo D. Iván, que en una calurosa tarde le pedía agua, el Santo golpeó u n a piedra diciendo: -Cuando Dios quería, aquí agua había. y brotó el m a n a n t i a l que todavía corre abundante y que venera el pueblo de Madrid. E n distintas ocasionas los restos de San Isidro h a n sido Uervados á Palacio en las- enfernedades de los Keyes, y merece mención espeoialísima la exposición del cuerpo del Santo en la cámara de Carlos I I I porque en esta ocasión fué perfectamente examinado y descrito por el Sr. Eosell. Dice así este escritor: El cuerpo de San Isidro, actualmente encerrado en el arca, está echado sobre u n eolchoncillo de tola listada que ocupa todo el fondo de ella, envuelto en u n sudario de lienzo m n y fino de más de tres varas de largo y m á s de dos de ancho, guarnecido todo de encaje m u y rico que tendrá como u n a tercia de ancho. Tiene u n poco levantada y vuelta l a cabeza hacia la derecha, y descansa sobre u n a almohadilla de cosa de una tercia que está dentro del sudario. Todo ello se cubre con u n paño de seda bordado, algo mayor que el hueco del arca. Es de tal estatura y t a n largo, que para q u e coja dentro del arca es preciso ladearle u n poco, poniéndole sobre la diagonal de ella.