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-Bien, diseutiendo de ese modo En fin, hagamos p n a t o final y pasemos á lo que usted quería decirme, ó sea á lo que 63 el actor de hoy. -Transcribiendo la conversación que tuve ayer con uno de ellos, verá usted su retrato de cuerpo entero, tomado d aprés nature. -Y de equipaje, ¿cómo andas? Lo conservarás, por supuesto. -No, señor, lo vendí cuando me dediqué al género chico. ¿Para qué lo quería yo? L a m a l l a y la loriga, coa su correspondiente armadura, se la vendí á u n aficionado; las dos trusas, á. u n segando galán j o v e n del Español, y el chambergo ¿u n tenor cómico de zarzuela grande. Pero saqué m u y poco... Lo vendí todo en papel. ¿Cómo en papel? -Lo tenia empeñado todo, y vendí las papeletas por el precio de empeño, catorce pesetas en metálico, tres sombreros viejos y dos reales de judias en el Petit Fornos. ¡Ya! -La casaca de figurón, chupas, y el aldeano de Felipe V, las negocié con el trapero. Y mire usted lo que son las cosas. El chambergo me hizo falta en u n a ocasión. Tuve que hacer El hijo de Su Excelencia, y ¡valiente conflicto! Quería yo que me vistiera la empresa, por tratarse de u n traje de época; la empresa se empeñó en qun alquilara yo el traje á la sastra, que me pedia diez reales por cada u n a de las sais primeras representaciones, ocho por la media dosena siguiente y á peseta las restantes. Me negué; la obra estaba anunciada en los carteles, y yo sin ropa P o r fin salvaron el apuro los autores de la obra, pagando de su bolsillo particular los alquileres. ¡Todo por amor al arte! Los compañeros los llamaban abnegados y heroicos; yo lilas buenamente. ¿Conque no tiene usted ni u n mal trapo? -De época, no; en cambio, en pantalones de talle G- uerritas, chaquetas de corto, camisas con bullones y sombreros cordobeses, tengo u n caudal. -Y completarán tu equipaje n a par de levitones, dos ó tres casaquines ridículos, alganos chalecos de cachemir color de y e m a bordados de seda blanca, pantalones de mahón, u n par de ellos de lana, gusto escocés, cuadros m u y grandes u n traje de paleto ¿Tienes algo más? -Si, señor; tres narices de cartón y dos gorras de r a t a ¡Vamos! Y t ú te dedicaste al arte por afición, ¿eh? -Nada de eso ¿Para qué mentir? Yo me dediqué al teatro porque no me gasta trabajar Mi madre me puso á zapatero, pero con a r r i m a r m e tanto las hormas al hueso ese que tenemos en mitad del pecho- -El esternón. -No, hombre) no; si hablo del hueso que tenemos en la mitad del pecho. -Pues el esternón. -Bueno, como usted quiera. Yo creía que el estsrnón estaba en la espin Ua. Vamos, que con el roce iba para tisis, y dejé el oficio. Después me puso m i madre á sastre, y con tanto estar sentado, no enfermé del pacho, pero me resentí del otro lado. No hacían más qne salirme diviesos en salva sea la parte, y me marché del obrador. A poco tiempo entré en la relojería de mi t í o ¿Dónde la tiene? -En u n portal de la calle de la E a c o m i e n l a Pero ¡cá! P o r poco m e quedo ciego con t a n t o ponerme la antiparra aquélla Y y a escamado dije: cPues, vaya, me meto á cómico. Y ddbuté en Bius con El puñal del godo. ¡Milagro serla! -Y gusté tanto, que me ajusté de corista. Luego, dando vueltas y vueltas, pasé al Español; pero como hay caciques y no me r e p a r t í a n á mi gusto velay, dejé el género grande. Y ahora voy á formar compañía y á dirigir. ¿Tú no tendrás nociones de nada? ¿Cómo que no? ¿Sabes ortografía? ¿Para qué? ¡Con leer lo que me dan! Yo no escribo. -Y de historia, ¿como andas? -Sé la de todas las tiples que hay en el ejercicio. ¿Greografía? -Está demás. Cuando viajo voy en ferrocarril. ¿Y de indumentaria? ¿Voy yo para sastre? Además, no tengo tiempo de e s t u i i a r Mire usted, yo ceno después de la función en Fornos los dos días siguientes al del cobro de nómina, y en cualquier taberna los restantes Me acuesto de día; llego tarde al ensayo; desde el ensayo, es 5l aro, á dar u n paseíto por la calle de Sevilla; luego, á comer, y en seguida al teatro. ¿Cuándo estudio yo? -Tienes razón. -El público me aplaude y me reparten los autores. Conque- -Nada, nada A formar compañía. ¡El art moderno te llama á voces! RAFAEL riEU. los DE M E L I T O N G O S Z A r E Z MARÍA LIERN