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por demás la contemplación de aquollos centenares de mucliaclios con sus trajecillos grises y sus gorras de cuartel recrearse con los libros al brazo y entre clase y clase en el ancho patio, sobre el cual la patria parece extender sobre los huérfanos su manto protector. Son los hijos de los héroes, de los mártires del deber. De ahí esa atmósfera poética y consoladora que párese envolver al Colegio; de ahí esa cariñosa solicitud que advertís en los ilustrados oficiales encargados de la educación militar de los hijos de sus compañeros. IV Yo no sé si es impresión primera ó es impresión resucitada por el recuerdo de algún telón, cuadro ó estampa representativos del motín de Aranjuez. Ello es que aquellos arcos de San Antonio, tras de los cuales surge la cúpula de la capilla, form. ando el todo artística excepción á la regular monotonía del pueblo entero, evocan en la memoria las páginas leídas en Lafuente ó en los Episodios de Pérez Galdós. Parece que va á sonar de un moEN LA FUENTE DE LA CASA DEL LABRADOR mento á otro música de Barbieri; que Goya va á- -Esta cabeza representa la sed, de la que Dios nos asomar con su caballete al brazo A tomar un apunte libre; y esta otra el hambre, de la que nos libre Dios. del natural; que las manólas irritadas y los chisperos maldicientes van á aparecer bajo aquellos arcos menudos y apretados, que os recuerdan, sin saber por qué, los arcos tan característicos también del café de Pombo. Y si este trozo de Aranjuez, de los más expresivos y pictóricos á mi juicio, os hace pensar en el pincel de Goya, el bellísimo paisaje que se contempla á la entrada del jardín de la Isla os recuerda con la misma fuerza imaginativa los abanicos de Wateau. En el fondo, el Palacio Real alzando su m. ole rosácea acrioillada de huecos; delante, los árboles del jardín, y más acá los macizos del parterre con panzudos jarrones de trecho en trecho. A la derecha desoribe el río graciosísima curva, desmayándose en una cascada, á cuyo pie nadan las ocas entre hierbas acuáticas y sauces displicentes. Aquel fondo está pidiendo una escena galante de abates y damiselas. La bóve 5 í j, da del cielo por arriba y la cur río por abajo, simulan los reos de un segmento de la veija del jardín y los retorcidos del puente col pareo n el varillaje de riginal y encantador 30. EL POPULAR PERICO Cajo, que aparenta huir del I de la Isla y sin embargo le aprieta el talle a brazo (que no otra cosa sino brazo del río Cas que rodea el jardín, formando la isla I da nombre) corre señalándolos limites de I irdín, el del Príncipe, menos lindo y coqueunque más grandioso que el jardín frontero acio. Un día entero es preciso para recorrer todos sus laberintos y sombreadas sendas desde la entrada, al comienzo de la calle de la Reina, hasta su término en la casa del Labrador. A tan extenso frente corresponde un fondo proporcionado, que hubimos de recorrer muy á la ligera, admirando las gigantescas proporciones que allí alcanza la vegetación coino en ningún otro sitio de Aranjuez. A la otra orilla del Tajo vimos la casa a de Marinos donde se gaardan las falúas, reales, servidas por marineros de guerra en tiempo de jornada. Dentro del jardín admiramos la fuente colosal de Narciso, mirándose en Jas aguas sobre un pesado t a z ó n que agobia los hombros de cuatro titanes, y contemplamos algo más curioso é inesperado: un par de camellos que en el iardín Real arrastran su vejez LA FDBNTE DE APOLO H J J