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No, no hay tal dependencia del pueblo hacia el palacio: la villa se extiende libre y constitucionalmente, con verdadero alarde de independencia omnímoda; no, no hay tal oasis áe pandereta: andaríamos una semana en i tera por sus bosques, y no les hallaría SÍmos el ñn; no, no es un rincón delicioso la villa de Aranjuez: siendo una delicia, no está arrinconada, sino tendida á Los t cuatro vientos; aquella curva inmensa y í HA A gallardísima que el rio describe, parece el arco tirante de una estupenda ballesta ivñ í, -que fuese á arrojar á guisa de ciclópeas ñochas los chopos altísimos y los gigantescos sicómoros sobre la lejana cordille u ra para hacerla huir, como ya parece que huye, cabeceando precipitadamente hacia los límites de Toledo. Ni cómo ver una servil aldea de realengo en la villa de Aranjuez, que cuenta en su historia popular página tan brillante y redentora como aquel motín de Marzo que, al barrer un trono con el sano huracán de la moral pública, avivó en toda España las brasas de Ja Independencia? De Aranjuez á Móstoles, de Móstoles al parque de Monteleón. En dos jornadas li ganó el pueblo español todo el camino perdido en largos años de modorra y atontamiento. ¡Bendito Aranjuez! Si en sus frondosas arboledas se ensanchan los pulmones enI por la atmósfera polvorienta de Madrid, en I inas de su historia encuentra el ánimo alivio y OKA FUENTE DE VECINDAD esperanza para las actuales tristezas de la patria, más obscuras que aquéllas con que comenzó nuestro siglo: porque el pueblo que intenta atrepellarnos, también poderoso á su manera, no nos trae la civilización en sus pendones; porque se acabaron los reyes débiles y los descarados favoritos á quienes hacer víctimas inmediatas y propiciatorias; porque el movimiento espontáneo de la patria sería un golpe en vago, á fuerza de que los vicios é hipocresías del actual régimen político han hecho ilusoria toda responsabilidad en los Poderes... ¡Bah! ¿Quién es capaz de hacer vaticinios? ¿Qaién había de decir tampoco que el alarido colosal de nuestra independencia iba á empezar con los gritos de cuatro chisperos y con la cobardía suprema del más gallardo y egregio de los guardias de Corps? V. 1 ni Aranjuez es un pueblo extendido, abierto, tan pronto do como visto por primfra vez. La noble franqueza y la galante hospitalidad de sus habitantes refléjase en la f speoial contextura de su plano, sin rincones, ni callejuelas, ni recovecos; sus vías urbanas corren paralelas y j e cruzan perpendiculares, de tal suerte, que en cualquier cruce de calles podéis ver allá en las cuatro puntas los cuatro extremos de la población. En aquellas plazas grandísimas, que hace todavía mayores la poca altura de los edificios, en las calles casi cuadradas, hay verdadero derroche de terreno, del terreno que en Aranjuez sobra por todas partes, lo mismo en los alrededores, poblados de árboles hasta el mareo, que en el interior de la villa, donde loa habitantes, por muchos que sean, pueden vagar muy anchamente. Un arquitecto diría que Aranjuez es el modelo de uaa de PUENTE COLGANTE EN LA CAERETEKA DE MADEID