Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Viéndola éste de t a n buen htimot, se ecba también á reir. Tanto rién los dos, q u e sus ojos so llenan de lágrimas de placer. Parecen u n abuelo y una nieta entregados á toda clase de simpáticas y deliciosas tonterías. Uespués de esto, el venerable Portero recobra su aparente seriedad y dice en tono m u y reposado: ¿Tú n o sabes, Aurorita, que las muñecas no pueden entrar en el Paraíso? -Esta que viene conmigo no es u n a muñeca. Es mi hija. No debiera entrar aquí, porque es poco juiciosa; poro vamos á darla unos azotes para castigarla, y entonces podrá entrar, ¿no es cierto? ¿Ha cometido graves faltas? i kL. 3 XCM. V Aurorita hace u n a señal afirmativa, y acercindo su diminuta boca al olJo de San Pedro, le dice en tono misterioso: -Es- una picarilla que todos los días se hace pipi en la cama. Vamos á castigarla como se merece. Tenia un momento mientras yo voy á formar por ahi u n haceoito con qiie azotarla. -No es necesario. Ya se ña callado. Sin embargo, viendo Aurorita q u e San Pedro continúa t a n serio, dice bajando los ojos: -Todo esto ha sido u n a b r o m a para hacerte reir. Mi muñeca es i n o c e n t e Soy yo la que- ¡Hola, hola! ¿Y eso te ocurre á menudo? -Sí, m u y á menudo. ¿Y qué vamos á hacer cuando lleguemos ahora 4 presencia de la Santísima Virgen, y ella diga á todo oí m u n d o Yo sé que hay aquí u n a personita tn. n poco juiciosa, que en la cama se hace -Es m u y sencillo, Santo Padre; le diré ai os que esa personita eres tú. GUSTAVO D R O Z DIBUJOS DK MÉNDEZ BRINGA, CTrarJiircif v) dfíV. XiirA- Rnn SÁWCKTÍZ D F CARTILLA)