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campo, y por mez uiíio que sea e! panorama, meuguadu el paisajo 6 impuro el aire viciado por las freidurías de buñuelos, siempre el medio ambieate de la pradera es más sano y tónico que el del obscuro patio adonde se asoaian gilerias y más galerías de nuestras casas de vecindad. H a n salido las galas del fondo del cofre, y de la h u c h i los empolvados ahorros para preparar la merienda; y esta ligera expacfiÓD á UEa tarde, acaso forme recuerdo eterno en l a vida afanosa de UEa familia de trabajadores. Un puesto de rosc UÍllas so ofrece más allá a l a golosina do los transeúntes. L a famosa tía J a v i e r a dejó sin duda muchos sobrinos, ó pregonó su receta coram populo antes de morir, p a r a que nadie, tuviera el privilegio de elaborar rosquillas del Santo. Los puestos son infinit o s la calidad del producto i g u a l e n todos ellos; su dureza es proverbial, pero su consumo no decae con los años, COHTK. IO D E LA I K B N E y sin duda el Santo Y LA IKENE EN PBttSONA bendice las rosquillas, elaboradas con mejor intención que h a r i n a cuando n i n g u n a víctima han cansado las calumniadas rosquillas del Santo, sobre las cuales quizá haya ejercido la lluvia su benéüco influjo. E n otra parte, un grupo de romeros que comentan los lances de l a fiesta antes ó después de beber el agua milagrosa. El Santo tiene que agradecerles la merced de que h a y a n preferido su humilde ermita á la e s p l é n d i l a plaza de Toros, como también los peligros de u n a c a m i n a t a desde la Puerta del Sol á la Pradera, sorteando el riesgo fcOBUK Los CKK toS de los coches, apurada la paciencia con la t u r b a famélica y consabida de los mendigos, ojo avizor con los timadores, menos numerosos a u n q u e más avisados q t e los guardias. Como baza mayor quita menor, así la pradera del Santo viene á a n u l a r en estos días la animación dominguera q u e disfrutan ordinariamente otras afueras de Madrid. Los rest a u r a n t s y merenderos de la Bombilla son demasiado lujosos en estos días de humilde tenderete á todo pasto. Las entas son u n a i r a b a l de la Necrópolis; Madrid M o l e r n o llora en sus estepas de Rasia la p n m a c í a del Santo Labrador; la Fuente de la Teja ya no es obligado centro de reunión p a r a los marusos y pasiegas; todo i u t e n o regional os apagado por el bullicio de la p r a l e r a adonde todos concurren. L a lista de los cuarteles y el servicio doméstico del vecindario se rosien eu no poco de osea desbandada de los soldados y las maritornes hacia la ermita, porque no es fácil en poco tiempo ir á la pradera y volver á ella después de revisar y c o n t e m p l i r t o l o s los puestos, garitas y mereBderos de la romería. Y u n a ve en ella h a y que comprar de todo: rosquillas, altramuces, garbanzos tostados, sin fin do comisIrajos que en todo tiempo sirven para apaciguar t- 1 llanto de los párvulos, y que en estos días son la aumentación p r e ü locta de todo romero que se estime en algo. u -tr- -Los amiÉCOS de ver los t i r o s des lo I4 barrera suelea v e r l a romeiía, de San Isidro des Je los cerros del cantorri donde están á salvo de los atrt pellos ci- listas y de k s golpes y coLÜS i J l l L t S DKL dazos de la multitud, a n n q u i no de las bromas y chanzonetas quf) los dirigen los de abajo. Una respetable clase de aquellos b a n i o s el honrado greiuio de matateros, pone en p- á tica durante estos días el consabido reirán de ri jio revuelto... El pobre vigilante, aturdido con el continuo desfile de romeros, no acierta á díst i n g a i r caras por él concoidas en cuerpos más robustos que de ordinaiio, y asi) eUejos y vejigas o i t z a u la zona fiscal bajo la blusa, que todo lo tapa. Ni ¿quién va á ser tan riguroso que se atreva á decomisar un litro ó dos de vino, cuando el que m á í y el que menos vuelve con dos azumbres entre pecho y esj alda? B a y que dejar al matutero unos días de tregua y de respiro, mucho más cuando todo Madiid invade los lugares qao son feudo suyo durante el año entero. Después de todo, el m a t u t e lealiza ei- tos días u n a misión a l a mente loable y moializadora. Ali- jar de la pradera pellejos de vino y vejigas de alcohol, que allí son un peligro para el orden y la seguridad individual. E n las fiestas a n t i g u a s se abría siempre la tregua de Dios. E n las modernas se abre la t r e g u a del m a t u t e Y al cabo y al fin, ¿no es el matutero uno de los tipos que dan carácter á la moderna romería? A no ser por él y otros pocos tamb. ón COMESTIBLES Y OTHOS EXCESOS