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solemtiHad 9 s, vallisoletina da las oaales, sia embargo, podemos ahora oíreosr al lector una primicia coa la última de las fotografías adjuatas, que representa el paso de la comitiva fúnebre por la calle de Santiago de Vallalolid en la tarde del 3 del actual. P o r hoy nos limitamos á recordar el hermoso espectioalo que ofrecieron las calles de Madrid en el acto de la traslación del cadáver en lujosísima carroza desde el Museo del Doctor Velaseo, donde se organizó la fúnebre comitiva, hasta la estación del Norte. Tuvo lugar dicha traslación en la tarde del 2 del corriente, y figuraron en la comitiva, además del Gobierno casi en masa, todas las corporaciones científicas y literarias de la corte, de cuyo suelo han marchado al suyo natal los últimos restos del gran Zorrilla. E n el primero de nuestros grabados puede admirar el lector la hermosa carroza que sirvió p a r a la traslación del cadáver, y que simulaba u n a gran t u m b a flanqueada por cuatro pebeteros. En la parte anterior de la carroza, u n a matrona representando á España llora sobre el simbólico león la muerte del gran poeta, y en la parte posterior u n ángel colosal corona de laureles el busto de Zorrilla. La segunda fotografía permite distinguir en primer término otro carro alegórico que también figaraba en la comitiva llevando algunas de las coronas dedicadas al poeta nacional por los centros literarios y artísticos dé esta corte. STf JWl! í DESi ILE DEL, CORTEJO POK LA CALLE DE SANTIAGO, EN VALLADOLID Fotog. Viuda é Hijos de Fernández A las diez de la noche del sábado salió de la estación del N o r t s el tren conduciendo los preciados restos, la carroza alegórica y el sinnúmero de invitados que en nombre de la prensa madrileña, del Gobierno y de las Academias científicas iban á presenciar la inhumación definitiva de Zorrilla, acompañados por la comisión del Ayuntamiento pinciano, y por los Sre 3. NúBez de Arce, Cano, Ferrari, Muro, Colorado y otros vallisoletanos ilustres. El tren llegó á Valla lolid á las siete de la m a ñ a n a del día siguiente, pudiendo los invitados madrileños apreciar con cuánto respeto y expectación aguardaba el pueblo vallisoletano al cadáver de su gran poeta. Ei gobernador de la provincia, los generales de la guarnición, el alcalde accidental, el Ayuntamiento en pleno y u n inmenso gentío que llenaba completamente los andenes, saludaron respetuosamente l a llegada de la fúnebre comitiva. Hasta las tres de la tarde no pudo organizarse el cortejo que habla de acompañar los restos de Zorrilla al panteón. Ligera idea de la solemnidad que revistió este acto podría formarse el lector por nuestra ú l t i m a fotografía, tomada en u n a de las calles más hermosas de Valladolid. Cinco horas duró el largo desfile, en el cual figuraban comisiones de Burgos y de casi todas las ciudades de Castilla, el representante de la Eeina JRegente, el ministro de Gracia y Justicia en nombre del Gobierno, todos los invitados madrileños y l a s corporaciones de Valladolid en masa. A las cinco llegó la carroza al cementerio, y poco después el cadáver del m á s ilustre poeta español de este siglo descansaba ea la tierra que le vio nacer, y sobra la cual u n a sencilla losa de m 4 rm. ol blanco ostenta la siguiente sencillísima leyenda: Al poeta José Zorrilla, hijo de Valladolid.