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tiii rayo Vas con la carretela á fcuscariios á la puerta qtie da al jardín, á la esoaliñata del pabellón. Date prisa, no seas bestia, dijo el señorito. ¡Oh! mnrmiiró Pedro entre apenado y colérico, mirando al cielo y a p r e t a n d o los puños cuando Fermín salió del guadarnés. ¡A la escalinata del pabellón! Años hacia que éste se hallaba cerrado. Recordó v i v a m e n t e Pedro u n hecho que ya paréela u n sueño: él, mozo aún; la condesa, bella y loca de caprichos; el conde buscando al amante de su mujer, sin que j a m á s pudiera sorprenderle ¿Y cómo? ¡Si lo hubiora sabido! ¡Locura! El secreto nunca, n u n c a saldría de Pedro ¡No, no! pensaba Veré su dicha, y en ella gozaré como gozo, como gozo con frenesí, se decía. Puesta y a en la escalinata, bajó del pabellón la duquesita, alegre, hermosa, aturdida de felicidad, y al poner el pie en el estribo, éste cedió por hallarse poco prietos los tornillos de encaje sin duda, y por poco la j o v e n cae al suelo. Encolerizóse Permiu, y alzando el látigo, que a ú a tenía en sus manos, cruzó con él la cara de Pedro el cochero, del antiguo servidor, del que le había amado y quizá le a m a b a como u n padre, como u n verdadero padre, del soldado veterano. Rugió éste de ira, alejóse de allí mas rehaciéndose por supremo esfuerzo de su alma, subió humildemente al pescante, tomó las riendas y siguió por aquella tarde su oficio. A la m a ñ a n a siguiente había sido despedido, y al salir de la casa, casi con las lágrimas en los ojos, exclamó mirando á l a casa: ¡Nunca, nunca! ¡Aunque n o lo hubiera j u r a d o querido mío! Tu madre no estuvo loca ¡Eres noble, y yo te veré feliz y te miraré con gozo querido de mi corazón, amor mío! Me has herido Pero ¿tú qué sabes? J, RÉ Z A H O N E R O n i n ü m s DK MEN DEZ BRINOA DOS CUENTOS VIEJOS, POR MECACHIS iQué localidades tienes? -T indido del 6. ¡Eso es sol! -P e r o n o d a n á más que dos toro? ¡Claro! El primero y e l ú l t i a i o ¿Queest- ámal q u p m i m u j e r s o e m borraetie? ¡Claro! P e r o ¿con qué c a r a le digo y o que n o se emborrache? -Con la q u e tienes. -Bueno; y entonces, ¿con qué cara mo e m b o r r a c h o yo?