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r Los republicanos, como no son más que tres, se a r m a n para que no los atraquen; Silvela cuenta á los suyos por los dedos, y en ese teatro político donde, según D. Francisco, la compañía es mala, la temporada corta, la entrada cara y la butaca incómoda, ensaya á los rusos para que hagan el papel de aquellos legionarios de I comici tronaii que parecen trescientos á fuerza de pasar tras el forillo. Sagasta convoca á los diputados liberales p a r a predicar la santa doctrina reformista, afirmando que sólo J u a n ó Práxedes Tachuelas es el que saca sin dolor las muelas separatistas. P o r consiguiente, las bocas de los oradores liberales serán en el Congreso las verdaderas bocas de la Isla. Hoy celébrala 1 ndependenoia españoia su fiesta onomástica (apuesto á que esta frase no se le ba ocurrido al señor alcalde para esmaltar el bando consabido) y á la hora en que este número salga á la calle, por ellas andará también la procesión cívica roeorriendo su acostumbrada carrera desde la catedral de San Isidro ha ta el obelisco de la plaza de la Lealtad. Contemplaremos en el séquito á la venerable viuda del general Daoiz y Velardr, como dicen en aquel saínete, y nos enterneceremos á la vista de los milicianos, que basen su aparición anual para volver á encerrarse en el misterio. -Celedonia, dice uno de ellos á su esposa, vistiéndose para la procesión: echa u n a mano á la casaca. ¡Buena está la pobre de polillas y zurcidos! ¿Por qué no te mandas hacer otra? ¿Mudar yo de casaca? ¡Jamás! Eealmente, este año el espíritu público estS, más preocupado con los efectos de la sequía que con las glorias de nuestra epopeya nacional; asi es que algunos señores del Ayuntamiento han propuesto que la procesión pase de largo por el obelisco, p a r a no dar lugar á reclamaciones de Francia, y se dirija derechamente á la estatua de Neptuno, a u n q u e sólo sea con el objeto de enviarle á mandar llover. Quizás el famoso ¡Quos ego! del rey de los mares consiguiera traer el a g u a hacia nuestros campos, y por de contado nada se pierde con ponerle una vela á San Miguel y otra al diablo, u n a rogativa religiosa á San Isidro y u n a procesión cívica á Neptuno. Los barrenderos de la villa, que como mangueros que son también, sirven para u n barrido lo mismo que para u n regado, comprenden que su doble naturaleza va á convertirse en simple de u n momento á otro, y dem a n d a n á Neptuno misericordia. -Sobre todo que no se seque el Lozoya, claman algunos. ¿Qué importa? dicen otros; todavía quedarán los antiguos viajes. -Si; más para esos viajes no necesitamos m a n g a s de riego. Lüís ROYO VILLANOVA DIBUJOS DB CILLA