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A OCHO DÍAS VISTA La fatalidad. -Sobre la sequía. -Un cuento viejo. -Granizada electoral. -Ebanistería política. La actitud del Marqués. -Los curaos cortos en la carrera política. -Preparativos de las oposiciones. -Bocas de la Isla. El Dos de Mayo. En a procesión cívica. -Ante la fuente de Neptuno. Guerra, epidemia, seqnja, elecciones la fatalidad ha volcado su hucha sobre nuestro país, y ya no le queda m á s que rompernos la hucha en la cabeza. ü n consuelo encierra tan grave situación, y es el pensar que cualquiera modificación que sobrevenga tiene que ser p i r a bien; mas este mismo razonamiento viene alentándonos de de la memorable catástrofe de Consuegra, y es lo cierto que de entonces acá sólo m u e r t e s asolamientos y fieros males registra la crónica española, como si fuera n u e s t r a patria el p u n t o convergente de todas las calamidades. Llovieron sobre nosotros los desastres, y menos mal cuando algo llovia; pero 1 alma española, firme y templada como el acero toledano, cede y se encorva hasta la espiral, sin quebrarse j a m á s n i romperse, pronta á recobrar en u n latigazo su forma primera así que pase la brutal opresión de las pircunstanciap. ¡La sejuia! ¿Quién sabe si todos esos diputados y senadores llovidos del cielo que hoy esmaltan con sus nombres la prensa diaria serán el único don que han podido hacernos las enjutas nubet? P o r q u e recuerdo u n cuento de mi tierra que acaso pueda tener aplicación en el presente caso, y es como sigue: Los labradores de u n pueblo de Aragón, alarmados ante la pertinaz sequia que agostaba los campos, y disgustados con el santo patrono del lugar por el poco caso que, según ellos, hacía de sus oraciones y súplicas, se amotinaron contra él y le pusieron como digan dueñas. A tanto llegó el encono de los labradores, que ya habían cogido al santo de madera dispuestos á castigarle arrojándole á u n pozo cercano á la iglesia, cuando en esto se animó la escultura por milagro divino, y exclamó dirigiéndose al desenfrenado populacho: ¿Pero qué vais á hacer? ¿Qué queréis de mí? -Demasiado lo sabes, dijo el más decidido de la cuadrilla: ¡queremos que llueva! -Eso se dice m u y pronto; pero ¿qué sabéis si es posible acceder á vuestra petición? ¡Cómo que no! E n el cielo hay a g u a siempre; ó llueve ahora mismo, ó vas al pozo. Sonrióse el santo y respondió al descarado en esta forma: -Agua hay siempre en el cielo, tienes razón, pero no siempre el agua del cielo puede servir para vuestros campos. Ahora mismo, verbigracia, el a g u a del cielo no está molida. -Agua queremos, gritaron los vecinos blasfemando, y nada nos importa que sea molida ó sin moler. -Perfectamente. ¿Es ésta vuestra última palabra? -La última. ¡Que venga el agua, molida ó no! Subióse el santo al quinto cielo, dispersáronse confiados los labradores, y de alli á las dos horas, ¡no fué granizada la que cayó sobre el pueblo y sus contornos! La moraleja de este cuento no es otra sino que el pueblo español ha debido de ser t a n impaciente y descarado como el pueblo de marras, porque resulta que en vez del agua molida que pedimos para nuestros campos, ha caído sobre España desolador granizo en forma de diputados como huevos de paloma, y de senadores como huevos de avestruz. Bien ó mal, ya salimos del paso de las elecciones, y ahora sólo preocupa al Gobierno el problema de su presentación en las Cámaras, asi como la constitución de las Mesas parlamentarias y de las secciones respectivas. ¿Cómo arreglamos el banco azul? ¿Cómo Ja mesa del Congreso? ¿Cómo la del Senado? Esto se pregunta D. Antonio, encomendándose sin duda á San José, que ignoro si será el santo, pero debe ser el carpintero de su devoción. El marqués del Pazo de la Merced manifestóse u n tanto reacio para aceptar la presidencia del Senado, y hay quien dice que la reciente enfermedad dé D. Antonio no ha sido extraña á semejante actitud, añadiéndose que n o la grippe, sino los dengues d e l S r Elduayen retenían en casa al presidente del Consejo. Paitan exministros, faltan personajes de altura para presidir las comisiones, formar las Mesas y responder á la campaña parlamentaria que anuncian las oposiciones, lo cual quiere decir q u e todo tiene sus inconvenientes, y q u e la inmensa mayoría lograda por el Gobierno es asi como u n inmenso ejército, qué necesita mucha y m u y experta oficialidad. ¿De dónde sacarla? P o r desgracia, Fabié y Concha Castañeda y Elduayen y otros exministros ya están viejos para montar á caballo. Habrá que apelar á los cursos cortos, y ésta es la esperanza de los apreciables cuneros, que piensan hacer tan rápida como feliz carrera política. No son menos bélicos los preparativos de las oposiciones para la próxima temporada parlamentaria.