Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Teodora Lamadrid En la madrngada del 22 del pasado falleció en esta corte la ilustre actriz, cuyos talentos no llegaron é, ser aplaudidos por la generación presenté, pero cuyo prestigio y glorioso nombre tanto pesaba en a historia de nuestra escena. Teodora Lamadrid fué la dama de nuestro teatro, con las cualidades y defectos propios de la declamación española. Entusiasta por el arte, dominadora de los efectos dramáticos, de entendimiento prodigioso y dotada del don extraordinario de la adivinación artística, vivía más que representaba sus papeles. Su personalidad parecía fundirse con la personalidad creada por el autor. Cuando aparecía en escena ya no era Teodora, era Isabel de Seguya, la condesa de M tanto por ciento, Doña Tuana de Locura de amor, Teodora Lamadrid nació en Zaragoza el año 1821; á los oebo años hacía ya papeles de niñf con perfección asombrosa. Urimaldi, cuyo talento influyó tanto en el renacimiento de nuestra escena, fijó su atención en la precoz artista y tradujo para ella varias obritas, que la pequeña actriz representó á la perfección. En 1832, esto es, cuando Teodora tenia once años. i C EN ADEIASA DE LECOÜVKRÜR fué ya contratada por el A y u n t a m r. nto de Madrid para los teatros de la Cruz y del Principe. Desde esta época, el nombre de la ilustre artista, aparece asociado á la mayor parte de los grandes éxitos teatrales de su época. La Isabel de Segura de Los amantes de Teruel, la Leonora del Trovador, Adriana, La villana de Vallecas, Virginia, la Diana de El desdén con el desdén. La rica- hemhra, la heroína de El tanto por ciento, adquirieron vida artística merced al prodigioso talento de la eminente actriz. Los años que mediaron entre el 60 y el 65 señalan el apogeo de la vida artística de Teodora. Era aquella época feliz para nuestro teatro, en el cual eran delirantemente aplaudidos G- arcia Grutiérrez, Bretón, Tamayo, Ayala interpretados por Eomea, Arjona, Matilde y Teodora, que resucitaban las glorias de nuestra escena, leedora y Matilde compartían entonces el cetro del teatro, y ambas, hermanas en el arte de acalorar y calm a r los afectos, han dejado recuerdos gloriosos quo no se borrarán j a m á s de la memoria de cuantos sienten y aman al arte. EN cLA KICA- HEMBEA Fotog. F. Debas