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A OCHO DÍAS VISTA BLANCO y NEGRO, victima electoral. -El acta de Martos. -Se repite el caso de los Carvajales. -Las Cortes futuras. Eeformas en Cuba. -Trabajos de pipería. -Til papel del tío Sam. Cuestión de tiempo. -Recipientes ministeriales. Contribución de sangre. -I. as quintas y las elecciones. -Malas lenguas. -Ejercito de oposición. La sequía. -Por qué no Uora el cielo español. Kogativiis (i D. Arsenio. -Madrid se divierte. -La actualidad taurina y la actualidad cubana. Sr. D. Torcuata Lmea de Tena. Al pie de la peña de Martos. ¡Usted quoqae, mi querido Director! También usted ha sido victima de la grippe electoral de D. Antonio, de la influenza de D. Alberto y del maligno influjo que sobre la tierra de nuestros sufragios ha ejercido la constelación militante del Zodiaco político Oéminis, es decir, Morlosín hermanos. Por lo visto, en todas partes han cocido habas, a u n q u e en Madrid las hayan cocido á Cabriñanas. Se ha repetido en Martos el caso histórico de los Carvajales, y otra vez rodaron los justos por la peña atajo, mientras se alzaban los pecadores con la propia roca por pedestal. A bien que á usted le aguardaban abajo t a n mullidos colchones como los 350 votos de sus electores, al paso que el candidato vencedor vendrá á las Cortes con gran dolor de sus costillas, pues al cabo y al fin, diputado es de golpe y porrazo. No deje de utilizar contra el déspota el supremo recurso de los Carvajales, emplazando á D. Antonio ante la Comisión de actas como ellos emplazaron á Temando I V ante el tribunal de Dios; mas si el emplazamiento no diera resultado, como me temo, nada le importe dejar unas Cortes que huelen é, puchero de Boseh, peor mil veces que puchero de enferoao. Mil albricias le doy por haber dejado de ser padre de la patria. Asi se ahorra la pena de contemplar á su hija en la desgracia y con el peligro de ser en breve plazo, Cleveland mediante, mucho más desgraciada todavía. Suyo afectísimo, L. li. Cuando arde u n a casa por todos sus cuatro costados, no es cosa de pensar en reformas arquitectónicas de la fachada n i en mejores distribuciones del interior. Apaguemos el incendio, que luego más días habrá que longaniza. Tan lógico es este razonamiento, que á todos nos pareció j u s t a y patriótica la actitud del G- obierco al dejar para mejor ocasión el planteamiento de las cacareadas reformas en Cuba. Mas las cosas toman otro rumbo, y según parece, el periodo reformista va á empezar de u n disparo á otro, realizándose los trabajos de pipería bajo la dirección del tío Sam, yankée y tonelero. En vano es que salgan débiles protestas de las esferas gubernamentales, pues cuando el asunto sueca, prueba es de que el martillo y la garlopa, la sierra y el cepillo trabajan sobre las duelas y los flejes para dejar á Cuba como nueva. P e r o ¿quién da al tío Sam vela en este entierro? P a r a nada necesita la vela quien dispone como él de grandes buques de vapor; y en cuanto al entierro, ¿cómo n o ha de concurrir á él, siendo no sólo presunto heredero y causahabiente, sino también ejecutor testamentario? Si la intromisión del tío Sam en nuestros asuntos os cosa que hoy nos encocora y exalta, todo es cuestión de tiempo y de costumbre; y en cuanto á dorarnos la pildora, ahí está D. Antonio Cánovas, que parece gritar: ¡El dorador! Y asi vamos tirando, a u n q u e no acabamos de tirar los cacharros ministeriales. El puchero electoral irreformable, la cuba antillana por reformar ¡Cuándo saldrá el obierno de esos y de otros recipientes! Con toda formalidad se ha celebrado en las Diputaciones provinciales la operación de las quintas, y el pueblo español ha abierto sus venas para la consabida contribución de sangre con más prontitud y ligereza que abre sus bolsillos para las contribuciones industrial y territorial.