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Josefina era u n a de las chicas más hermosas de la ciudad. Su BLAKCO semblante, orlado como con KEGKO azabache, era el BLAxco de todas las miradas. Su padre, D. Ambrosio Monte NEORO, gozaba de inmensa fortuna, hecha con el comercio de vino BLANCO de la Eioja y té NEGRO de la China. Perdidamente enamorado de Josefina estaba Miguelito BLANCO, á quien ol NEGRO destino llevó u n a noche á u n bai e do BLANCO y NEGRO. Alli conoció á Josefina luciendo elegant í s i m o traje de raso BLAN- CO y adornos de terciopelo NEGRO. MiguelquedÓSe BLANCO como la cera al contemplar á Josefina. NEGRO velo obscureció u n momento su vista. Acercóse á Josefina y deslizó unas palabras j u n t o á aquel liermoso rostro, teñido con BLANCO Matilde Diez. Josefina quedó inmóvil. Centelleó el NEGRO de sus pupilas. Después puso los ojos en BLANCO. E n aquel momenta la orquesta tocaba u n bailable de la zarzuela Entre mi mujer y el NEGRO. Miguel bailó con Josefina. Nuestro enamorado supo que aquella mujer era, además de hermosa y buena, heredera de inmensa fortuna. U n verdadero mirlo BLANCO. Miguel se propuso llevarla al altar, adornando aquel NEGRO cabello con el BLANCO velo de la desposada. U n NEGRO, antiguo servidor de la casa, sirvió de mediador en aquellos amores, á los que se opuso tecazmente el padre de Josefina. Tenía razones poderosas para tal oposición. D. Ambrosio habia nacido cerca de las orillas del M a r BLANCO, y esto no extrañará á nuestros lectores cuando sepan q a e los padres del Sr. de Monte NÉGKO e dedicaban á la caza del oso BLANCO. E r a lapón, y estaba dispuesto á andar á lapos con el pretendiente de su hija, que era turco, según se decía. Kn efecto; las aguas del M a r NEGRO hablan mecido la cuna de Miguel. Este era algo tímido, algo BLANCO, como suele decirse, y no se atrevía ni á pasar por la calle donde Josefina habitaba. Cierto día recibió u n a carta, en papel de ribete NEGRO. E r a de s u amada, q u e gastaba luto por u n tío.