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eomo F a m e s i o s y Albas. De las glorias a ú n el h u m o mirar bien no les dejaba que mientras siempre el soldado por único premio alcanza lisiado, enfermo ó i n ú t i l volver hambriento á su patria, si n o es ya que con sus huesos sembró extranjeras comarcas, mercedes, venta, jas y honras están sólo reservadas y faltos de aquellos cabos cuya indomable arrogancia era glorioso eontagio de que n i n g u n o escapaba, sólo los tontos no entienden que medra en u n a semana mejor quien vive en la corte que quien diez años batalla. Esto os explica sobrado q u e el que se ciñe u n a espada que de su rey en defensa j a m á s salió d é l a vaina; que el que se cubre de plumas que por soldado le achacan sin ser, cual las vuestras, rancias, pueden ser de más provecho, ya que no sean tan sanas. -Dijo el mozo, y su sonrisa supo al viejo tan amarga, que clavando en él los ojos con más desprecio que rabia, le contestó: -M t ú eres, n i puedes ser de m i raza, ni si cual t ú piensan todos de aquí á poco tendré patria- -Y por sus secas mejillas correr dejando u n a lágrima, sin esperar más respuesta al mozo volvió la espalda. Pero lo triste del cuento es que, al decir de la fama, a ú n no pasado aquel año, poco fecundo en bonanzas, mientras el misero viejo E. fcib- v LR. para aquéllos que en la hoJg ira de saraos y de zambras, en vez de pólvora, huelen á esencias de algalí y ámbar, y por sólo hierro esgrimen la adulación ó la audacia. H o y los continuos desastres que padecen nuestras armas nos h a n dej ado la vista, á puro llorar, más clara; y con cadenas de alquimia finge inauditas hazañas, espere mayores lucros que el que á lanzazos y balas trocado en glorioso a m e r o volvió con la piel á España. Ya Vdis que mis experiencias, cubierto de heroicas lacrj, s limosna por Dios pedia de cierto templo en las gradas, siéndole estrecha la calle por ella el mozo pasaba trocado en maestre de campo por la bondad del monarca. ANGKL R. C H A V E S D I B U J O S DE E S T E V A N