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Entretanto, yo celebro mnchisimo el triunfo del (Gobierno en toda España, y sobre todo en las elecciones de Madrid. ¿No hemos convenido en que el Gobierno y el pueblo deben estar unidos ante el conflicto q u e se avecinaV P u e s unidos están, según el último escrutinio. P a r a la declaración ó no declaración de la beligerancia ha de influir la derrota de Cabriñana tanto ó más que la captura de Maceo. Y puesto que l a torpeza, ó lo que fuere, de los interventores del Marqués ahorró al G- obierno el empleo de otros muchos resortes electorales que guardaba en los cuarteles ó en la gaveta, no ha de ser t a n excesivamente cruel que deje de elevar u n a estatua á D. J u l i o Urbina, puesto que no ya estatua, sino corona, nimbo y palma de mái tir merece. La clásica estatua del galo herido podría evitar, en este caso, las dilaciones de u n concurso entre los escultores nacionales. r y a que hablo de clásicas estatuas, no sé si la nemotecnia ó el escozor (que también es u n a netnotecnia de la sensibilidad) me trae á la memoria el famoso Moisés de Miguel Ángel, colosal estatua que debiera figurar en el Capitolio norteamericano j u n t o á la de Washington, Litooln y otros presidentes de la Eopública yankée. A u n q u e sin barba- -ni cuernos, claro está- -la estataa de Moisés es como la estatua de Cleveland. Sherman, el gran escultor Adl jingoismo, acaba de modelarla, y pareciéndole qne no le falta más que hablar, exclama dándole u n martillazo, como en i g a a l ocasión hicioia Buonairoti: ¡Parla. Pero n i Moisés habló n i Cleveland habla tampoco, porque en boca cerrada no entran conflictos, y al buen callar llaman Cleveland. Prefiere el Moisés de la Casa Blanca aguardar sentado y apretar contra si las tablas de la ley, donde siempre será el séptimo mandamiento tNo hurtar á conducir al pueblo hacia el M a r Hojo, sJgnifi. cativo color para el cual darían los españoles toda su sangre. Mas en esta situación insostenible de nuestras relaciones con el moderno pueblo j u d í o no sabemos si al cabo y al fin lograrán imponerse las tablas de l a ley contra las refulgencias del becerro de oro y de la serpiente de metal. v A ú n falta el rabo por desollar, y el rabo no es otro que la larga cola que han traído las elecciones; m a s el tiempo que tan importante asunto nos deja libre, lo dedicamos por entero á la campaña de Cuba y al problema planteado en los limites de P i n a r del E í o ¿Pasará Maceo? ¿Caerá Maceo? ¿Es inexpugnable la linea militar de Maiiel- Artemisa? Pocas serán las mesas de café donde el mapa de Cuba no se pinte todas las noches, para satisfacción y propio lucimiento do los tácticos con gotas y estrategos de Vuelta Abajo con mucha manteca. -Desengáñese usted, Maceo tiene que verse negro. -No es cosa difícil, porque mulato ya lo eia. -Maceo está abandonado de los suyos. -No lo crea usted; mientras en P i n a r exista u n pino, podrán continuar todos á partir u n piñón. Desde que Arólas plantó la ratonera espóranse grandes acontecimientos en el extremo occidental de la Isla, y si todavía no se han realizado es porque la flor y nata de nuestros talentos militares derrochan sus iniciativas y sns ideas admirables entre sorbo y sorbo de café. ¡T lupgo dirán que ha ido mal la zafra! l rec- isamente la cuestión de Cuba se resuelve todas las noches de sobremesa entre terrones y platillos de azúcar. LUIS ROYO VILLANOVA DIBUJOS DS CILLA