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FRASQUITO LUCAS Las avanzadas del ejército de D u p o n t llpgaVan á La Carolina. ¡Cuántos horrores ooinotlan á su paso! En u n cortijo situado é, la salida del pueblo como vamos para Bailen, entró u n pelotón de soldados franceses de infantería. Serian hasta. nueve ó diez. Pidieron reírospoy arQue las mozas suplicaron y pidieron auxilio inútilmente, y que el niño fué derribado de u n sablazo para que no gritara. Después se apoderaron los salteadores de cuanto hallaron á mano. Uno de loa soldados guardó en el morral u n crucifijo de marón conversación con las personas que hallaron en el cortijo. Eran éstas dos mozas garridas de hasta dief iocho y diecinueve años respectivamente, hijas del dueño ó del colono del cortijo, j heimosas toomo dos onzas de oro U n niño de cuatro á cinco años, hermano de las mozas, y el padre Manuel, cura de La Carolina y u n santo, pero de sesenta y nueve años cumplidos; es decir, u n santo viejo. Con estos datos r o hay para qué decir si los soldados obrarían como mejor les viniera en deseo. Puede calcularse lo que allí pasaría después de apurados por los invasores dos fraseos de aguardiente en menos tiempo del que se t a r d a en relatarlo. Que el padre cura, tratando de defender las muchachas y al niño, fué golpeado y herido por los franceses. plata, que era u n recuerdo de familia del padre del colono. ¿Qué ocultas ahí? le preguntó u n compañero, completamente beodo. -Un Cristo, tartamudeó el que se lo había guardado en el morral. -Si es de oro ó de plata, será para los dos. -No lo creas; será para m i sólo. ¿Piensas establecerte de cura? -Pienso lo que á ti n o te importa. Los borrachos salieron del cortijo vomitando la Marsellesa alcoholizada. lÁUons, enfc- jY vive l Empereur! de la patrie.