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dos los invasores y después de tres horas de fuego, no pudiendo contrarrestar la heroica defensa hecha por los soldados de Asturias, San Quintín y por los voluntarios, abandonaron el campo de batalla, retirándose de la población, no sin antes aplicar la tea á varias casas, en desagravio y venganza de la vergonzosa derrota que habían sufrido. Un grito de ¡viva España! partió de a uellos grupos de valientes al ver qi; e el enemigo huía sin lograr su propósito. Nuestras tropas tuvieron dos muertos y diez berilos, y los insurgentes otros dos muertos y gran número de heridos, que se llevaron en su huida. E n t r e los varios episodios á que dio lugar este audaz ataque de los insurrectos, mencionaré por su importancia el í- iguienfe, que 1 uso en peligro la vida del generalísimo. Hallándose este cabecilla con varios de los suyos frente á la casa ocupada por la fonda del señor Pita La Bejucaleña, partió de los pisos altos de dicha casa u n disparo, cuyo proyectil alcanzó, matándolo, á u n individuo q u e estaba j u u t o á Máximo G- ómez. Este, ardiendo en cólera, dio orden de pegar fuego á la casa, no valiendo de nada las súplicas del Sr. P i t a quien negaba que de f u casa hubiese partido el disparo. La obra destructora de los invasores no fe limitó al incendio de La Bejucaleña, sino que PONDA LA BEJUCALEÑA DE DONDE SE HIZO DN DISPARO A MÁXIMO GÓMEZ hicieron lo propio con la estación del ferrocarril, no sin romper antes la caja de caudales, apoderándose de 800 pesos que tenía alii guardados el jefe de estación Sr. Torart. De la estación pasaron á l a bodega del Sr. Do al, donde aplicaron también la tea, porqué desde allí se les había hecho fuego. Después incendiaron otras casas, pertenecientes la mayoría á familias pobres del barrio del Cementerio. E n la calle de la Sacristía quemaron la susodicha fonda el Sr. Pita, y la residencia del vecino D. Francisco Granda, antiguo comerciante de tabacos, también fué rociada con petróleo y en seguida incendiada, mas el fuego pudo dominarse, lo mismo que el prendido en una maicería que existo enfrente. Al hospital empezaron también á pegarle fuego, mas el incendio pudo ser localizado sin graves consejuencias. El decidido empeño que mostraron los i n s u r g e n t e! ea volver otra vez sobre la ciudad, y a intranquilidad que la invasión produjo en el vecindario, maniuvo á é s t e en contiuua alarma d u r a n t e algunos días, á pesar del refuerzo prestado á la guarnición por la columna del general Linares. Dos ó tres días después de la invasión, u n numeroso grupo de insurrectos se acercó de nuevo á Bejucal por las lomas de Aguiar, haeieiido continuo fuego á la estación. La alarma que est j suceso produjo en el pueblo fué grandísima. Eeooneentróse Ja tropa en la plaza de Armas, y ya allí, se disenánó para ocupar todas las aveuidas de Bejucal. Los insurrectos, por espacio de una hora y cuarto estuvieron tiroteando al pueblo, siendo contestada la agresión por fuerzas de la columna Linares. v OABBETA TRANSPOETANDO LOS MUEBLES DE UNA FAMILIA FUGITIVA Fotog. Getahert y HQrtnano Apenas habla transcurrido una hora después de cesar el tiroteo, cuando se produjo otra alarma por haber corrido la versión do que Máximo Gómez intentaba nuevamente entrar en Ia, f ob ación. Familias enteras se echaron á la calle, y mientras unas corrían hacia las lomas que hay cerca de Beiuoal, otras tomaban la carretera hacia el Eincón, seguidas 6 acompañadas por infinidad de vehículos conduciendo ropas, muebles y enseres de las familias fugitivas. Más de cien de é tas llegaron á pie hasta E l Kineón, y desde allí, en u n tren de Villanueva que había ido á recorrerla linea, se trasladaron á la Habana. J D A N DE LASHEBAS