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sin que nadie se figurase que había de ser detenido un día por tentativa de chantaje, y que á las primeras de cambio le diría el presidente: En 1879 fuisteis condenado á trece meses de cárcel por estafa, os fuisteis á Alemania y no volvisteis á Francia hasta que la pena había prescrito ¡Y este Saint- Cere triunfaba y derrochaba y nos deslumhraba á los demás con su lujo! Tenía el coche á la puerta desde las nueve de la mañana, jugaba en las carreras, daba comidas magníficas á lo gran señor, á las que acudían todas las notabilidades literarias de París; se le veía en el Boix, en la Ópera, en los grandes restaurants á la moda y de pronto ¡nueva sorpresa! ¡Resulta que aquí toda la vida es una serie de sorpresas! Chiarisolo es la representación de nuestro tiempo y de una sociedad en la que las cosas más graves están tan arraigadas en las costumbres, que producen algo así como la inconsciencia general. Todo lo que pasa, y lo que él hacíí, le parece la cosa más natural del mundo. Los diálogos entre el presidente y este acusado han sido divertidísimos. M. CABLE DES PEEEIERES- ¿Usted pidió dinero por hacer callar á tal periódico? -Pero, señor, esto es una buena acción. -Es un ohantage. ¡Pero si todo el mundo lo hace! Chiarisolo en este fin de siglo representa el inmoral de buena fe, que es un tipo nuevo. El conde Carie des Perrieres, conocidísimo en todos los circules, completa este GEOKGES DE LABKUYERE grupo de parisienses que han entretenido al Boulevard durante una semana. Todos quedan marcados por el hierro de la ley y sin la consideración que antes tenían, y París, que en todo encuentra diversión y motivo de broma, ha reído mucho con ellos. ¡París se ríe de todo! No les ha compadecido porque no los ha encontrado dignos de interés, y en realidad no lo son. A alguno de ellos le ha arrastrado al verle caído, y esto prueba que en París se puede impunemente deshonrar á un hombre por que le dé la gana á tal ó cual enemigo personal de la víctima. Dígolo por Saint- Cere, el cual, abatido, destrozado, enfermo, perdido para siempre, ha probado esta horrible manera de ser de la prensa moderna francesa. C u a n d o se le prendió, los periódicos, en cien art í c u l o s firmados por escritores que afirmaban decir la verdad, le acusaron de espía, y espía se le llamó CHIARISOLO desde entonces en todas partes. Ya en el tribunal, Saint- Cere se ha defendido de esta acusación y ha hecho comprender al presidente y al público la monstruosidad de acusación tan grave sin motivo fundado. -Ya estoy en la miseria, mi existencia va á ser tristísima, ha dicho, pero no puedo pasar por ser lo que no soy. La justii ia se apoderó de todos mis papeles, y la prensa ha dicho de mil maneras que yo era un espía. Ruego á la justicia que diga si ha encontrado prueba alguna de tal cosa; si en la instrucción del proceso se ha encontrado algo que ha a suponer en mí tan bajo empleo. M. ULRIC DE CIVKY t f