Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
LOS MAESTROS CANTORES Y no son los que inmortalisió el gran músico alemán; no, no son esos. Maestros cantores llaman en París á los que tratan de sacarle dinero al prójimo con amenazas, ya sean de divulgar secretos de su vida on los periódicos, ya de indisponerle con sus deudos y amigos, ya de atacarle en la prensa si no ppga el silencio. En nuestra España, cuyos sentimientos son otros y cuyas pasiones son más francas, el ohantage apenas existe. La prensa ¿por qué no lo h. e de decir con toda franqueza? es más honrada. Se ataca porque sí, pero no para aprovecharse del dinero ajeno; se atacan los puestos, los distritos, las posiciones, pero no se explota la vida privada. Va para cuarenta años que soy periodista, en Madrid, y nunca he visto hacer ohantage. Va para trece que lo he sido aquí, y de los compañeros y colegas con quienes se viva en intimidad, sabe Dios los que están en la cárcel y los que van á estar la semana que viene. Aquí no se puede ya vivir: la vida de la preasa, la prensa de por acá, va siendo M. MAX LEBAUDv cosa t a l q u e a l p ¡iso q u e l l e v a no durará muchos años. Hay u n a crisis de periódicos dicen on P a r í s ¡N a t u r a l m e n t e! E l p á blioo los va a b a n d o n a n d o poco á poco, y no leerá de a q u í en a d e- lante más que los dedicados á noticias secas. Los procesados, maestros cantores de Lehaudy, son todos conocidísimos. Civry, Saint- Cére, Lahruyere, Cesti, des Perriéres No hay nombres más populares ni personas más distinguidas. Todos ellos quisieron explotar al millonario de veinte años, unos le atacaron para que les pidiera que se callaran, otros le ofrecieron defensas á precio fijo. Murió tísico y pasado de placeres el famoso Max, y una mujer, ¡siempre una mujer! que estaba enamorada de él, ha querido vengar su. memoria denunciando á Jos culpables de aquellos delitos que la ley francesa castiga duramente. Mademoiselle Marsy, M. ARM 4 ND ROSENTHAL una actriz celebra del Teatro Francés, h i LLAMADO JACftUES SAINT- CEKE sido esta vengadora. Su apai- ición en el tribunal como testigo ha producido gran sensación; verdad es que ya los tribunales van siendo espectáculos, diversioneí plaza de toros morales, como dice un compatriota nuestro, y los caballos y los toros son las honras y las reputaciones que caen entre sangre y fango. ¡Oh témpora! Los acusados h i n ido declarando por orden: primeramente Civry, nieto de un rey, liomla- e elegante muy lanzado en París y rasalta ahora que ya estuvo condenado antes á veinte años de presidio... Los parisienses han oído la noticia con verdadera estupefacción. ¡Qué mundo éste! dicen los que ayer saludaban cariñosamente al hombre de mundo que hoy ven en el banco de los crimiaales. Después Cesti, un aventurero de novela, secuestrador moral de Max Labaudy, de MLLE. MAKSY quien logró apoderarse hasta el extremo de aterrarlo con sus amenazas y lazos. Hombre temible, capaz da enredar á la misma justicia. No hace mucho tiempo que daba un gran baile en sus salones de la plaza Malesherbes ¡Y luego dirán que los folletines do Ponson du Terrail eran inverosímiles! Saint- Cere, de quien no há mticho hablaba yo en este mismo periódico, ha sido diez años redactor del Fígaro,